“Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones” (Juan 6:10).
Lectura: Juan 6:8-13.
Hay dos cosas que me llaman la atención de este texto. Una es “recostados” y la otra es “recoged las sobras”. En cuanto a recostarse o sentarse, me imagino que conseguir que 5,000 personas se sienten no es fácil. Requiere mucha coordinación para que todas lo hagan a la vez. Algunas estarían caminando por allí, hablando con amigos, y no con su familia. Lo que pasa, es que, para recibir la bendición, tienes que sentarte. El versículo 11 dice claramente que la comida fue distribuida a los que estaban sentados. Si estabas de pie, no recibías nada. Si estabas corriendo, haciendo trabajitos, no recibías nada para comer. Sentarse simboliza descansar y esperar a ser servido. Muchas veces mi madre y yo vamos corriendo, más parecidas a Marta que a María, y no nos sentamos a los pies de Jesús, esperando ser servidas. Soy peor que mi madre. ¡Procuro no ser servida por nadie! No me gusta ser servida, ni me gusta sentir que debo nada a nadie. Soy autosuficiente y orgullosa. Los hay que les gusta ir atendiendo a todo el mundo. No están para ser servidos, pero esta historia nos dice que estamos bendecidos si nos sentamos. ¡Ay!
Así que, ¿qué hace falta cambiar en mí para poder ser bendecida? Creo que necesito aprender a descansar en el Señor, esperar en Él y depender de Él. Tengo que dejar de pensar que todos los trabajos son mi responsabilidad. Miro mi lista de trabajos, y no veo ninguno que pueda tachar de la lista.
Padre amado, te pido que me ayudes a sentarme y esperar a que llegue la bendición, a extender mi mano y depender de ti, y a no ser tan orgullosa que vaya adelantándome, buscando mi propia comida y perdiendo la bendición de la enseñanza de Jesús y la bendición del compañerismo de otros que dependen de Él, la de ser servida por sus discípulos, y la bendición de Jesús mismo. Señor, ayúdame a sentarme. No puedo hacerlo sola. Rompe esta barrera del orgullo que tengo de ir corriendo, haciéndolo todo yo, te lo pido en el nombre de Jesús, amén.
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[1] Escrito por Becky Cretney, sobre el mismo texto que meditábamos juntas y que yo comenté ayer.
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