LA PERLA DE LA HUMILDAD (4)

 

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual…” (Filipenses 2:5, 6, 8).
 
Lectura: Fil. 2: 3-11.
 
El camino de la humildad:
 
El camino de la humildad empieza con la renovación de nuestra mente (Rom. 12:1, 2). Es descubrir que no soy yo el mejor. Hemos de valorar a otros. No soy yo el centro del universo, ni de la conversación. No tengo que figurar. No tengo que buscar el mejor puesto para mí, o buscar prestigio para mí mismo, o desear reconocimiento. Todo esto ha sido la lucha espiritual que mi hija ha sostenido durante semanas, y ahora lo cuento porque coincide perfectamente con lo que estamos hablando, y esto no puede ser una simple casualidad.
 
El caso es que se ha abierto un puesto de cierta importancia en la empresa donde ella trabaja y han anunciado que los interesados pueden presentarse para esta posición. De entrada, ella dijo que no se iba a presentar. Luego pensó que quizás el Señor quería que se presentase. Fue a hablar con el director de la empresa y él le preguntó por qué había cambiado de parecer. Él le preguntó: ¿Por qué dijiste que no de entrada? Ella le contestó que no quería caer en la trampa del orgullo. Él se quedó mirándola sin entender. Le dio una explicación, pero los del mundo no pueden entender la mentalidad de un creyente. Finalmente, después de mucha oración y un día de ayuno se presentó para el puesto y nos pidió que orásemos de la siguiente manera: “Pedid que, si este puesto de trabajo me aleja de mis hijos o del trabajo del Señor, no me lo concedan. Pedid que, si va a interferir en mi relación con mi marido, que no me lo den. Pedid que, si va a hacer menguar mi relación con el Señor o con su pueblo, no me lo den. Pedid que, si me va a traer vergüenza sobre mí, o al Señor, o si será inútil en términos humanitarios, o para el reino de Dios, no me lo den. O si se me subirán los humos a la cabeza, que no me lo concedan. Orad que, si no es la voluntad del Señor, no me lo den. Total, orad que solo me lo concedan si lo opuesto de todo lo anterior sea cierto”.
 
            El camino de la humildad es: No mi voluntad, sino la voluntad de Dios. No soy yo el protagonista, sino Cristo. Es asumir que no tengo que glorificarme a mí mismo, sino al Señor. Así es como el Señor Jesús vivió, y así es como sus seguidores tenemos que vivir. Esto es lo que significa tener la mente de Cristo. “Haya, pues, en vosotros este sentir, que hubo también en Cristo Jesús”.  Si la tenemos, estamos bien encaminados. Nuestra charla se llama: “La Perla de la Humildad”. A estas alturas os hago la pregunta: ¿Quién es esta Perla? Sí. El Señor Jesús es la Perla de la humildad, y somos llamados a seguir su ejemplo.
 
            Padre amado, concédenos la gracia de seguir el ejemplo de Jesús que se humilló intencionadamente. Ayúdanos a hacerlo. Cuesta el sacrificio de nuestro orgullo, ya lo sabemos, pero, si no nos humillamos, estamos siguiendo el ejemplo de Satanás, y esto sí que no lo queremos hacer.  En nuestra situación presente, ayúdanos a humillarnos. Contemplamos el ejemplo de humildad de Jesús y lo admiramos aún más, y lo adoramos. Es hermoso en su humildad. ¿Cómo no ha de ser en su gloria? Amén.  

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