“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual… (Filipenses 2:5, 6, 8).
Lectura: Fil. 2: 3-11.
Ayer dejamos nuestra meditación en un punto muy interesante. Estuvimos comparando el entierro de Satanás con el de Jesús. Jesús estaba destinado a ser enterrado en una fosa común donde echaban los cadáveres de los crucificados en aquella época, pero, por la intervención de unos amigos, fue sepultado con honores en la tumba de un hombre rico. Esto fue profetizado por Isaías: “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte” (Is. 53:9). Su entierro como rico es significativo por dos motivos: por un lado, es lo opuesto a lo que pasa con Satanás. Jesús iba a ser enterrado en una fosa común, pero no lo fue, pero ¡Satanás sí que fue arrojado a ella!: “Como un cadáver pisoteado bajo los pies, serás arrojado a una fosa común con los que murieron en batalla” (Is. 14:19, NTV). El segundo motivo es que Dios hizo que Jesús fuese enterrado en la tumba sin estrenar de un hombre rico como evidencia de la resurrección. La tumba vacía es una de las evidencias más conclusivas de la resurrección. Si su cuerpo hubiese sido arrojado a la fosa común, habríamos perdido esta evidencia tan importante.
¿Te das cuenta de que el camino de la salvación es el camino de la perdición puesto al revés? Satanás llevó al mundo a rebelarse; Jesús llevó a su pueblo a la obediencia. Satanás dijo a Eva, cómete esta fruta y “serás como Dios” (Gen. 3:4); las Escrituras, en cambio, enseñan: humíllate y obedece y serás como Cristo: “A los que (Dios) antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Rom. 8:29; 1 Juan 3:2; Col. 3:10; Gal. 2:20; Fil. 2:5-11). Dios nos creó a su imagen y nos restaura a su imagen por medio de la obediencia al ejemplo de Jesús.
Satanás fue arrojado del cielo a la tierra. Vino a destruir a la humanidad. Jesús dejó el cielo por voluntad propia para salvar a la humanidad. Satanás se rebeló contra Dios por orgullo; Jesús se humilló y obedeció a Dios. Jesús vino al mundo rebelde y, para salvarlo, hizo lo opuesto de Satanás: se humilló, hasta la muerte de cruz. Para deshacer la obra de Satanás, Jesús puso marcha atrás el proceso de Satanás, haciendo en el mundo lo opuesto de lo que Satanás había hecho en el cielo. Jesús siguió el camino de Satanás al revés para salvarnos: se humilló y obedeció.
Aplicando esto a nosotros mismos: El orgullo destruye; la humildad salva. Si tú vas a ser salvo, te humillas. Dices: “No me puedo salvar a mí mismo; necesito un Salvador”. Si te vas a condenar, dices: “No necesito ningún Salvador; yo mismo valgo”. La perdición consiste en rebelarte contra Dios. La salvación consiste en someterte a Dios. Es morir a tu propia voluntad y ser crucificado con Cristo para morir a la carne, el orgullo y el YO. Satanás te lleva a vivir según las obras de la carne, el yo y el orgullo para ser como Dios (Gal. 5:19-21), pero Jesús te lleva a morir a la carne y vivir según el Espíritu (Col. 3:10-17). Este es el camino para ser como Cristo, el Hijo de Dios.
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.