LA PERLA DE LA HUMILDAD[1]

 

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, … (Filipenses 2:5, 6, 8).
 
Lectura: Fil. 2: 3-11.
 
            Estoy encantada de estar con vosotros en esta tarde, porque quiero mucho a esta iglesia. El tema que tenemos por delante nos atañe a todos, el de la humildad, porque como cristianos deseamos ser humildes, pero no podemos alcanzar la humildad sin antes tratar con nuestro orgullo. Así que necesariamente tenemos que dirigirnos a este segundo tema mucho menos agradable. C. S. Lewis dijo: “Todo el mundo tiene el pecado del orgullo, pero solo los cristianos se dan cuenta de ello”. Vamos a definir a este enemigo nuestro. El orgullo es estar centrado en uno mismo, es egoísmo. Es ponernos a nosotros mismos en el centro del escenario para que todo gire alrededor nuestro. La otra vertiente del orgullo es pensar que no soy nadie, que no valgo nada, que nadie me quiere, pobre de mí, porque también es centrarnos en nosotros mismos como el centro del universo.
 
            El mensaje de hoy es lo que acaba de cantar el coro de la iglesia:
 
Haya pues en vosotros este sentir
Que hubo también en Cristo Jesús;
Haya pues en vosotros este sentir
Que hubo también en Jesús.
 
El cual siendo en forma de Dios, se despojó a sí mismo,
Tomando forma de siervo, hecho como los hombres.
 
Y estando en forma de hombre, se humilló a sí mismo,
Haciéndose obediente hasta muerte de cruz.
 
Leámoslo en la Biblia: “No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen sólo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás. Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús: Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse…” (Fil 2:3ss, NTV). Siendo humilde, Jesús se humilló, y se humilló y se humilló más, hasta la muerte de cruz.
 
“Se humillo”. Humillarse es un acto deliberado, intencional. Nos humillamos para muchos efectos; para recibir corrección, para aprender, para someternos a la autoridad, para dejar que otros nos sirvan, para dejar que otros nos ayuden, para ceder nuestro lugar a otra persona, para reconocer nuestras limitaciones, para admitir la disciplina de Dios, para relacionarnos con Dios, para entrar en la presencia de Dios, para confesar nuestro pecado, tanto a Dios, como a la persona ofendida, y para salvarnos. Tengo que reconocer que no puedo salvarme a mí mismo. Tengo que dejar que Otro me salve, y esto me cuesta.   

[1] Transcripción de la charla que di en la Iglesia evangélica de Esparraguera el sábado día 8 de julio de 2025.

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