EL SALMO 16 EN BOCA DE JESÚS (1)

“Tú eres mi Señor” (Salmo 16:2).

Lectura: Salmo 16:1-11.

            La Biblia que el Señor Jesús conocía eran las Escrituras del Antiguo Testamento. En ellas meditaba, conocía las que se referían a Él (Lu. 24:27), y en ellas encontraba la voluntad de Dios para su vida. Él era la Palabra encarnada en carne humana. Todas las Escrituras encuentran su cumplimiento en Él. Él es el cumplimiento de este salmo profético:

  • El Señor Jesús pudo decir: “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado” (16:1); sus enemigos se lo echaron en cara cuando moría en la cruz: “Confió en Dios” (Mat. 27:43).
  • Jesús tuvo a Jehová por Dios suyo (16:2)“Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn. 20:17).
  • Jesús pudo decir: “para los santos que están en la tierra y para los íntegros, es toda mi complacencia” (16:3). Por ejemplo, cuando conoció a Natanael dijo: “He aquí un verdadero Israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47). Encontraba todo su bien en Dios y se complacía de la comunión con los justos.
  • Él advertía sobre las consecuencias de servir a otros dioses (16:4), aunque no hubo mucha idolatría en Israel después de la cautividad babilónica; esta les había curado. No obstante, hablaba de sus consecuencias: decía: “allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mat. 13:50).
  • El Señor Jesús pudo decir al Padre: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte” (16:5). Encontró el propósito de su vida en llevar a cabo el destino que el Padre había marcado para Él: “Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí” (Heb. 10:7).
  • “Hermosa es la heredad que me ha tocado” (16:6). Su herencia somos nosotros, los santos (Ef.1:18); ¡se goza en nosotros!
  • El texto siguiente fue el “modus vivendi” de Jesús: “Bendeciré a Jehová que me aconseja: aun en las noches me enseña mi conciencia” (16:7). Isaías profetiza de Él: “Jehová despertará mañana tras mañana, despertará mi oído… me abrió el oído, y yo no fui rebelde” (Is. 50:4, 5).
  • El Señor Jesús se mantuvo tranquilo en medio de todo lo que le pasó, porque: “A Jehová había puesto siempre delante de él, porque estaba a su diestra, no fue conmovido” (16:8). “Como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53:7).
  • Enfrentó la muerte con la confianza en que Dios lo iba a resucitar, tal como Él muchas veces había profetizado: “Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; porque no dejarás mi alma en el Seol” (16:9, 10). “Por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Heb. 12:2).


        
 
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