EL SALMO 16

“Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor: no hay bien para mí fuera de ti” (Salmo 16:1, 2).

Lectura: Salmo 16:1-11.

            Vamos a leer este precioso salmo de David y observar su estructura para ver cómo esta nos conduce al mensaje del salmo. Hay muchos versículos hermosos y frases que invitan a la meditación, pero de momento vamos a prescindir de ellos para llegar al punto principal que el salmista quiere comunicarnos.

Su postura (16:1-7):
            Lo primero que haremos es hacer una división del salmo en estrofas. La primera parte del salmo habla de la postura que ha tomado David. Él afirma: “Tú eres mi Dios”. Él explica que esto significa que Dios es su bien, su porción, su herencia, su consejero, su maestro, el que informa su conciencia y el que determina su destino, tanto temporal como eterno: “Jehová es la porción de mi herencia; Tú sustentas mi suerte. Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia” (16:5, 7). Su fe en Dios lo lleva a buscar la amistad de personas que comparten sus mismas convicciones: “Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia” (16:3).

Las consecuencias (16:8-11):
Tener a Jehová como su Dios tiene consecuencias:

  • Da estabilidad: “Porque está a mi diestra, no seré conmovido” (16:8).
  • Da alegría, gozo y descanso: “Se alegró, por tanto, mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también reposará confiadamente” (16:9).
  • Libra de la muerte; da vida: “No dejarás mi alma en el Seol…Me mostrarás la senda de la vida” (16:10, 11).
  • Te conecta con el Señor para siempre: “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (16:11).

El mensaje que recibimos al dividir el salmo en dos partes es el siguiente: Dios es más de lo que pensamos y las consecuencias son mayores de lo que nos damos cuenta. Tener al Señor por Dios implica gozarnos de todo lo que Él es: Llena todas las necesidades del ser humano con los roles que desempeña: Es la fuente de todo bien, el primero, nuestra porción, decide el curso de nuestra vida, que supera lo que esperábamos; Él es nuestra herencia, física y espiritual, ahora y eternamente; nos aconseja en esta vida, nos enseña lo que está bien y lo que está mal; nos muestra su voluntad y determina nuestro destino. Abarca todo lo que tiene que ver con nosotros. Formamos parte de su pueblo y tenemos comunión con los que están en este pueblo. Las consecuencias son: estabilidad física, espiritual y emocional; gozo; confianza frente a la muerte, porque después viene la resurrección y la vida eterna; tendremos la dirección de Dios para esta vida y el gozo de su presencia eternamente. La conclusión es que es insensato escoger cualquier otro dios que no sea Él, porque: “se multiplican los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios” (16:4). Él es nuestro Señor ahora y eternamente y no hay bien fuera de Él.    
        
 
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