“Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis” (1 Corintios 8:12).
Lectura: 1 Cor. 8:8-13.
¿Cuál es la debilidad de mí hermano? ¿Cuáles son las cosas o las circunstancias que le provocan a pecar? Si es alcohólico, no voy a poner vino en la mesa delante de él. Si la pornografía le ha sido un problema, no lo voy a invitar a ver una película que podría despertar deseos pecaminosos en él. Si su problema es la ira, no lo voy a provocar con discusiones sobre temas polémicos, ni lo voy a molestar con cosas mías que sé que él no soporta, ni voy a ponerlo en circunstancias que podrían provocarlo. Si su tentación es la carnalidad, no me voy a vestir a manera que despierte su imaginación. Si es comer en exceso, no voy a poner demasiada comida en la mesa. Si es gastar dinero innecesariamente, no voy a quedarme mirando en escaparates, admirando cosas que no necesito. Si es saltarse cultos para ir a la playa, voy a hacer todo lo que pueda para animarlo a ir a la iglesia. Si es el descuido del estudio de la Palabra en casa, seré de ejemplo para él, y cuando él abra la Biblia, no lo voy a distraer.
Pablo concluye: “Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (8:13). En tiempos de Pablo había diferencia de criterio acerca de la comida sacrificada a un ídolo. Algunos creyentes no veían ningún problema en comerla, mientras otros pensaban que era pecado. El principio que el apóstol enseña aquí es que el hermano que no ve ningún problema en comer lo que para otro es pecado debe someterse a la conciencia del otro, del hermano débil, para no inducirlo a violar su propia conciencia y así pecar. Pues, si uno va en contra de su propia conciencia, le es pecado. Para no inducir al débil a pecar, el fuerte tiene que abstenerse, tiene que sacrificar su libertad al legalismo del otro. Si una hermana cree que es pecado llevar pantalones, cuando estoy con ella, llevaré una falda. Lo que nunca haré es intentar convencerla de que yo tengo razón. Si ella cede a mi insistencia, contra su propia conciencia, peca. Y yo no quiero pecar haciendo que otro peque.
Cada uno tiene que respetar su propia conciencia y la conciencia del más débil. ¡Nunca debemos guiarnos por la conciencia del más libertino! Si uno no encuentra ningún problema en hacer algo que está en contra de las Escrituras, allí es donde tenemos la responsabilidad de enseñarle. Tenemos, pues, cinco guías: las Escrituras, la voz del Espíritu Santo, la paz interior, nuestra conciencia, y la conciencia del más débil. ¡Dios nos tiene muy protegidos para que no pequemos!, porque el pecado nos separa del fluir de la comunicación con Dios.
Tenemos la responsabilidad delante de Dios de ayudar al hermano a no caer en pecado. No pongamos ninguna tentación delante de él. ¡No juguemos el papel del diablo! El Señor ama mucho al hermano.
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