“Éste, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes” (Lucas 8:28).
Lectura: Lucas 8:29-39.
Este pasaje está cargado de un simbolismo que se puede aplicar a nosotros. La imagen que encontré conmovedora fue la del hombre vestido y en su juicio cabal, sentado a los pies de Jesús. Y creo que esto es lo que nos pasa a todos nosotros, porque vamos todos corriendo a lo loco cuando, de repente, Jesús aparece en nuestra vida y restaura nuestra dignidad, nos viste y nos convierte en la persona que Dios creó para que la fuésemos, la mejor versión de nosotros mismos. No viene para hacernos personas aburridas, o clones, sino para devolvernos nuestro auténtico ser, sin los estragos causados por el pecado. Vino a sanar y restaurarnos a la imagen de Dios que llevamos dentro. Esto es lo que vemos en este pasaje.
Como el hombre, queremos que Jesús se quede con nosotros. Cuantas veces no hemos dicho: “Señor, ¿no podemos verte y oírte más claramente, no podemos quedarnos contigo?” Es lo mismo que Pedro pidió en el monte de la transfiguración: “No quiero ir a ninguna parte. Vamos a quedarnos aquí”. Nuestro corazón anhela lo mismo: verlo y estar con él. Y Jesús nos dice lo mismo que le dijo a este hombre: “Todavía no. De momento tienes que sentarte a mis pies, no literalmente, sino figurativamente, luego ir a contar a otros lo que he hecho por ti”. Es lo que yo he pretendido con el libro que he escrito. Es acerca de lo que Jesús ha hecho por mí, pero además de escribirlo en un libro, tengo que ir a contárselo a la gente.
Jesús irrumpe en la vida de este hombre. Llega y todo cambia. El pueblo cambia. Y la persona que recibe la bendición es la que menos pensamos que va a responder. Los demás rechazan a Jesús y rechazan su mensaje.
Padre amado, te pido por la Isla de Man que rechaza tu mensaje. Me llena de una gran tristeza. Señor, pido por España que nunca lo aceptó, y por los EE. UU. que pretenden haberlo aceptado. La Isla de Man no lo quiere. No entendemos por qué la gente no te acepta. Padre, pedimos que quites ahora lo que sea que no deja que las personas que amamos se sienten a tus pies escuchándote. Te pedimos que lo quites en Fulano de tal. Y para nosotros te pedimos que nos des una carga por buscar tu rostro, sentarnos a tus pies, orar, humillarnos y abandonar nuestros caminos perversos. Danos una carga para compartir nuestra historia. Padre celestial, pedimos que pongas esta carga en todos los creyentes del país. Padre, nuestro deseo es ver a Jesús y pasar tiempo con Él. En mi caso, termino corriendo, haciendo cosas, y no paso tanto tiempo sentada a sus pies. Te pido que me perdones por ello, porque creo que hay orgullo detrás. Ayúdame a sentarme a tus pies. Señor, bendíceme con la capacidad para verte y oírte mejor y obedecerte con valentía. Ayudarme a ser humilde. En el nombre de Jesús, amen.
[1] De Becky Cretney
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.