FUERZA SIN SABIDURÍA

“Cristo (es) el poder de Dios y la sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:24).

Lectura: 1 Cor. 1:17-31.

                      El tema de 1 Cor. 1:17-2:16 es la sabiduría de Dios y el poder de Dios. En estos versículos las palabras “sabiduría” y “poder” salen unas 25 veces. En Dios, las dos cosas van juntas, se entrelazan, se complementan: “Cristo (es) el poder de Dios y la sabiduría de Dios” (1 Cor. 1:24). La sabiduría sin poder es impotente para hacer nada; se queda en buenas intenciones. Poder sin sabiduría es caos y desastre; es destructivo.

                      Sansón es un buen ejemplo de poder sin sabiduría. ¡Cayó en la misma trampa dos veces! Los sabios aprenden de sus errores y no repiten el mismo fallo. Cuando Sansón se casó, su esposa sacó información de él y lo traicionó con los filisteos: “Y lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y dijo: Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me declaras el enigma que propusiste…” (Jueces 14:16, 17). Dalila hizo exactamente lo mismo: “Y ella le dijo: ¿Cómo dices: yo te amo, cuando tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has descubierto aún en qué consiste tu gran fuerza” (Jueces 16:15, 16). Tres veces Sansón se lió con mujeres filisteas y tres veces los filisteos se aprovecharon de la ocasión para capturarlo.

                      Aquí tenemos a una persona que no aprende de sus errores. No se arrepiente y no rectifica su conducta. Es de sabios obedecer a los padres. Esto no lo hizo (Jueces 14:3). Es de sabios unir tu fuerza masculina con una mujer de Dios que te apoya en el servicio a Dios, no con una pagana que te va a traicionar, porque su primera lealtad será a su pueblo y a su religión. La fuerza masculina más el deseo sexual sin controlar conduce al desastre y a la muerte. La fuerza se tiene que disciplinar y canalizar para que lleve a cabo los propósitos de Dios con orden y dirección. La vida de Sansón es una de desorden e indisciplina y termina en tragedia.

                      Sansón fue el hombre más fuerte y su caída fueron las mujeres. Salomón fue el hombre más sabio y su caída fueron las mujeres. Fuerza sin disciplina y sabiduría sin disciplina, ambas cosas, conducen a la destrucción. Como creyentes, tenemos tanto sabiduría como poder en Cristo, pero sin disciplina no llegamos a ninguna parte. Tanto la sabiduría como el poder vienen de Dios, pero la disciplina la tenemos que poner nosotros.

Preguntas para la reflexión personal:

  1. ¿Qué fallos repito?
  2. ¿Qué necesito hacer para superarlos?


        
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