EL DÍA DE PENTECOSTÉS

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba….” (Hechos 2:1,2).
 
Lectura: Hechos 2:6-13.
 
Hoy es el día de Pentecostés, cae cincuenta días después de la ascensión de nuestro Señor. Jesús había dejado todo preparado para este día antes de su partida. Los discípulos estaban esperando la venida del Espíritu Santo en el Aposento Alto juntamente con más de cien creyentes cuando de repente el Señor envió al Espíritu. “Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo” que acudieron al lugar donde estaban los apóstoles para saber lo que había ocurrido. El Espíritu Santo, de quien Pdro había sido lleno, lo empoderó para dirigirse a la multitud, y lo inspiró para dar un poderoso mensaje basado en la profecía de Joel para explicar lo ocurrido. Dios tenía todo preparado: el texto, los apóstoles y la multitud.
 
Pedro empezó su sermón con el pasaje de Joel que explica lo que estaba sucediendo en aquellos momentos: “En los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 2:28), y luego habla del gran Día del Juicio, y termina con la invitación: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo” (Joel 2: 32). La multitud estaba preparada. Había oído el gran estruendo, conocía el texto de Joel y temía el gran Día del Juicio. Pedro les recordó la vida de Jesús que ya conocían y su participación en su muerte, que estaba muy reciente: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios, señales que Dios hizo ente vosotros por medio de él, como vosotros mismo sabéis…”. Hizo constar que eran responsables por la muerte del Cristo: Lo “prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole”. Anunció su resurrección: “Al cual Dios levantó” (2:23, 24). Para demostrar su resurrección hizo dos cosas: citó la profecía de David acerca de que el Mesías iba a resucitar (Salmo 16:8-11), y dijo que ellos, los apóstoles, eran testigos de ello: “A este Jesús resucitó, del cual todos nosotros somos testigos” (2:32). Luego dijo que Dios lo sentó a su diestra y citó otro salmo que ellos conocían como evidencia (2:34,35; Salmo 110:1).
 
Al escuchar el argumento de Pedro muchos de la gran multitud estaban convencidos de su pecado al haber crucificado a su Mesías: “Se compungieron de corazón y preguntaron a Pedro: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (2:37, 38). Así hicieron “y se añadieron aquel día como tres mil personas” al grupo de creyentes y nació la iglesia del Señor Jesucristo, cuyo comienzo celebramos en el día de hoy.   
        
 
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