ESTABILIDAD

    

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce estabilidad. Mas tenga la estabilidad su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:4-5 R. S. V.).
 
Lectura: Santiago 1:1-11.
 
                      El tema del primer capítulo de Santiago es la madurez caracterizada por la estabilidad, la firmeza, el ser constante, coherente, consecuente, sin fluctuar y sin contradecirse. Este es el carácter que Dios está obrando en nosotros por medio de las pruebas. En otras versiones esta palabra se traduce como “paciencia”, en el sentido de perseverar sin retroceder, sin capitular, sin renegar. Es soportar y seguir soportando sin tambalear. 
 
                      Primeramente, el apóstol habla de la firmeza en la prueba. La prueba es lo que obra esta estabilidad en nosotros, a la larga. Continuamos en la fe a pesar de todas las presiones para abandonarla, y esto obra madurez en nosotros. Llegamos a ser inamovibles. Nada podrá hacernos abandonar al Señor. La firmeza en la prueba conduce a la vida eterna: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (v. 12).
 
                      Segundo, el apóstol habla de una fe estable, sin dudar, sin fluctuar, que no va arriba y abajo como una honda del mar, sino como el agua de la piscina, quieta. “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (v. 6). La fe estable pide y espera recibir.
 
                      Después, habla de la firmeza en la obediencia, la perseverancia en la Palabra: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tal solamente oidores, engañándoos a vosotros mismo… Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace” (v. 23, 25).  
 
                      Dios es estable. Siempre es el mismo. Es inmutable. No cambia. Siempre es justo, amoroso, misericordioso, fiel, leal, sabio, poderoso y presente: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo altodel Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (v. 17). Nosotros podemos ser estables y firmes porque estamos apoyados en un Dios inamovible y tenemos un Padre cariñoso que siempre nos está dando dones perfectos. 

       
 
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