CÓMO DIOS SUELE HACER

    

“Mírame, y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre” (Salmo 119:132).
 
Esta es una oración que sale de un corazón afligido, conocedor de Dios, rogando que considere el estado lamentable en que se encuentra y que tenga misericordia de él.
 
“Mírame”. Esta persona quiere captar la atención de Dios, y no solo su atención, quiere que se fije en él, que se dé cuenta de cómo está, y que, viéndolo, sea movido a misericordia: “Ten misericordia de mí”. Este creyente se ha humillado delante de Dios. No apela a ningún merito suyo; no exige nada de Dios; se acerca a Él como un pordiosero suplicando compasión. Sabe que, si solo lo mira, no podrá resistir la compulsión de ayudarlo, porque Dios es misericordioso.
 
“Como acostumbras con los que aman tu nombre”. Este hombre ama a Dios. Ama su nombre, que encierra todo lo que Dios es. Dios tiene centenares de nombres y todos juntos no agotan sus cualidades, virtudes, capacidades y atributos. Él sabe que Dios sabe que lo ama. No profesa amor a Dios, sino más bien reconoce que Dios sabe quiénes son los que lo aman, y que Dios lo tiene por uno de ellos. Esta es una persona que tiene intimidad con Dios. ¡Sabe que Su debilidad es atender a los que lo aman! Conoce las costumbres de Dios y sabe que mostrar misericordia es parte de su naturaleza y que es algo que suele hacer. No dice que siempre lo hace, no coacciona a Dios, no usa de osadía con Dios; lo deja libre para que actúe conforme a lo que Él desea. No ha metido a Dios dentro de un esquema en que Dios siempre tiene que mostrar misericordia de la manera que se lo pide. Si Dios actúa de otra manera está en su derecho. La misericordia de Dios es una prerrogativa suya, no una exigencia nuestra. 
 
¿Cómo es posible que una persona que conoce al Señor tanto y lo ama esté en esta situación tan menesterosa? No está pidiendo justicia, sino misericordia. Reconoce su indignidad. Pero también reconoce que Dios viene en ayuda de los que se humillan delante de Él y suplican su misericordia. Sabe que Dios puede ayudarlo, si quiere, y sospecha que, si solo puede conseguir que el Señor lo mire, Dios tendrá misericordia de él. Una vez que los ojos de Dios están sobre él, su corazón estará movido a misericordia y lo ayudará, porque Dios es así. Su oído está abierto al clamor de su hijo, su ojo se fija en él, se conmuevan sus entrañas, y su mano se extiende para ayudarnos. Con todo esto cuenta nuestro amigo, y le da paz.   

       
 
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