¿CÓMO ESTÁ MI CORAZÓN, DURO O MISERICORDIOSO?

    

“… para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios” (Lucas 1:77, 78).
 
Lectura: Lucas. 1:68-79.
 
La dureza de corazón es el estado natural del hombre en contraste con el corazón de Dios que es tierno y compasivo, lleno de “entrañable misericordia”. El hombre natural en su rebeldía contra Dios tiene un corazón duro, incrédulo, insumiso a Dios e indiferente al sufrimiento de su prójimo.
 
Los fariseos profesaban conocer a Dios, pero sus corazones eran duros. No sentían pena de los que estaban alejados de Dios como los publicanos y prostitutas, sino que los condenaban y se alejaban de ellos. No podían comprender cómo Jesús no hacía lo mismo. Preguntaron a sus discípulos: “¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?” (Mateo 9:11). Jesús les contestó: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero”. No entendían el corazón de Dios. Pensaban que Dios quería enviar a esta gente al infierno. Jesús comprendía que Dios sentía compasión por ellos y quería salvarlos. Dijo: “No he venido a llamar a justos sino a pecadores” (Marcos 2: 17). Por eso comía con ellos, para relacionarse con ellos y alcanzarlos.
 
En la sinagoga en el día de reposo, delante de un hombre con la mano seca, preguntó a los fariseos quienes lo observaban para ver lo que haría: “¿Es lítico en los días de reposo hacer bien? (…) Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle” (Marcos 3: 4-6).
  
Lo triste es que a veces Jesús usaba la expresión “dureza de corazón” para referirse a sus discípulos: “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado” (Marcos 16:14). La incredulidad y la falta de compasión van juntas.
 
El anuncio del evangelio es “para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios” (Lu. 1:77, 78). Dios tiene un corazón tierno, no duro hacia el pecador. Quiere su salvación, quiere poder perdonar sus pecados, porque tiene un corazón misericordioso. Dios está lleno de entrañable misericordia. Le sale de lo más adentro. Si vamos a ser como Él, nos veremos comiendo con pecadores, rompiendo las normas de los fariseos, creyendo a los que dicen que han visto milagros, yendo contra corriente, pero en la compañía de Jesús, con la aprobación del Padre.  

       
 
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