“Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere…” (Juan 14:2).
Lectura: Juan 14:1-14.
Cuando el Señor Jesús anunció a sus discípulos que se iba y que no los iba a llevar consigo, y cuando añadió que ya sabían el lugar y el camino para llegar allí, entraron en confusión, desconsolación y desolación. ¿Qué iban a hacer sin él? ¿A dónde iba? ¿Por qué no podían ir con él? ¿Cómo se llegaba a aquel lugar? ¿Cuánto tiempo estaría fuera? Y luego, para más confusión, Jesús dijo que, al conocerlo a él, conocían al Padre y que lo habían visto. Tomás dijo, si no sabían a dónde iba, como iban a saber el camino. Filipe dijo que ¿cómo que han visto al Padre?: “Muéstranos el Padre, y nos basta” (14:8). No entendían nada. No entendían que Jesús iba a morir, no entendían que iba a resucitar, no entendían que subiría al cielo para estar con el Padre, no entendían que volvería para llevarlos al Padre, y no entendían que Jesús es lo invisible del Padre convertido en hombre. ¡Solo faltaba que Jesús dijese que tenían que estar contentos con esta noticia que se iba como lo estaba él!: “Habéis oído que yo os he dicho; Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre” (14:28), pero no podían regocijarse en aquellos momentos, porque no entendían nada.
Puesto que el Señor entiende nuestro estado emocional, dijo varias cosas para consolarlos: Que ellos harían las obras que hace él, y aún mayores, porque él va al Padre: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre” (14:12). Otro consuelo: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidieres en mi nombre, yo lo haré” (14:13, 14). Les interesaba que se fuese. Y también les dice que mandaría otro Consolador que estaría con ellos para siempre, “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (14:17). “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, que quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (14:26). Otro consuelo: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (14:18). Estará con ellos en forma espiritual, y después volverá para estar con ellos eternamente. Y el último consuelo, prometió que les dejaría su paz: “La paz os dijo; ni paz os doy” (14: 27).
Su consuelo es el mismo consuelo que tenemos nosotros:
- Haremos las obras que Jesús hizo.
- El Señor contestará nuestras oraciones.
- El Espíritu Santo vive en nosotros, nos consuela y nos enseña.
- Jesús está con nosotros y después volverá para estar con nosotros para siempre.
- Tenemos su paz.
Nosotros sí podemos regocijarnos porque sabemos más cosas de lo que los discípulos sabían en aquellos momentos, y porque hemos comprobado que estas promesas de Jesús se cumplen.
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