¿DÓNDE MORAS?

“En la Casa de Yahweh moraré por largos días” (Salmo 23:6).
 
Lectura: Salmo 23:1-6.
 
            La NTV lo vierte: “En la casa del Señor habitaré para siempre”. Normalmente la interpretación que damos a este texto es que vamos a vivir en la lasa de Dios eternamente, y esto es cierto para los que somos salvos, pero también es cierto que viviremos en su casa “por largos días”, por todos los días de nuestra vida. Estuve pensando, cual es la alternativa de vivir en la casa de Dios en esta vida. Si no vivo en la casa de Dios todos los días de mi vida, ¿dónde vivo? ¿Dónde voy a vivir hoy? La alternativa para mí es vivir en la casa de la preocupación. O bien estoy viviendo en la Casa de Dios, disfrutando de su paz, o bien estoy viviendo en la casa de la preocupación, sin paz, pensando en un problema tras otro. Tengo que tomar una decisión para el día de hoy. Hoy, ¿dónde voy a vivir? Decido intencionalmente que hoy no voy a vivir en la casa de preocupación, sino en la casa de Dios, y tengo paz.   
 
            El evangelio de Juan empieza con una entrañable historia de la casa donde Jesús moraba: “El día siguiente otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, le dijo: ¿Qué buscáis?  Ellos le dijeron: Rabí, ¿dónde Moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima” (Juan 1:35-39). Muy buena pregunta, “Señor, ¿dónde moras?”. Justo lo que queremos saber. Porque en la casa donde Él está queremos estar. Aquel día resultó ser la casa de algún creyente que le tenía como huésped. Jesús tuvo la liberad de usar esta casa como la suya e invitar a gente allí, donde recibió a estos dos discípulos de Juan el Bautista y el tiempo que pasaron juntos impactó sus vidas para siempre.
 
Se quedaron con Él aquel día, y durante los tres años siguientes, y después no querían dejarlo nunca. Cuando les dijo que los tenía que dejar tres años más tarde, querían ir con Él, pero les dijo que no podían seguirlo ahora, que tenían que quedarse aquí en este mundo de momento. Dijo a dónde iba: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; …voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2). Allí está preparando nuestra morada eterna. Esto ya está establecido. El problema es ahora. Queremos estar donde Él esté ahora. Está donde dos o tres creyentes están reunidos en su nombre, esto lo sabemos, ¿pero, cuando no estamos con otros creyentes? Queremos estar con Él igualmente. Tenemos que aprender a permanecer en su presencia. Esto significa no salir de ella por ninguna acción o actitud, de vivir en su presencia, en su comunión y en su amor en el día de hoy, todo el día.
 
Querido Señor, hoy decido vivir en tu presencia, en tu Casa, y en tu amor, todo el día. Ayúdame a cumplir con mi determinación. Amén.    

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