“Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron” (Lucas 24:24, NVI).
Lectura: Lucas 24:22-24.
Los discípulos de Emaús decían “habíamos esperado”, y parece que aún guardaban un poco de esperanza, porque todavía era el tercer día. Construyen una cadena de acontecimientos que relatan a Jesús mismo, que muchas cosas asombrosas han ocurrido: “Jesús era un profeta poderoso, hizo milagros, habíamos esperado que fuera el que redimiría a Israel, el Mesías; algunas mujeres vieron visiones de ángeles, la tumba estaba abierta, los lienzos estaban allí, doblados, y algunos fueron a la tumba con anticipación y esperanza, pero no vieron a Jesús”. Se desvaneció la ilusión, como el aire que sale del globo. “No vieron a Jesús”.
La perseverancia también se pide de nosotros, aunque no podamos ver a Jesús. No obstante, nuestros corazones anhelan verlo, pero no podemos. Nuestros corazones anhelan que las cosas vuelvan a ser como antes, antes de pecar, antes de ser expulsados del Huerto, porque anhelamos caminar con Jesús. Somos de los que han decidido creer a pesar de no haber visto a Jesús. Hemos puesto nuestra fe y confianza en Él como el Mesías, Dios mismo. Pues, no es tan solo un profeta, sino mucho más. Es el Autor y Creador del universo. Hemos puesto nuestra fe en quien es Él basada precisamente en el testimonio ¡de ellos! También hemos tenido encuentros con Jesús por el camino en los cuales nuestro corazón ardía. Sentimos su presencia muy de cerca y pensamos: “Él está aquí”. Mirando atrás en retrospectiva sabemos que fue un verdadero encuentro con Él, que hemos vivido un milagro.
Yo encuentro duro el no ver a Jesús físicamente, muy duro. Siempre he luchado con la pregunta: “¿Por qué no puede Dios simplemente hablar con nosotros?”. No es tanto verlo; es escucharlo. Estos dos de Emaús no acertaron en ninguna de las dos cosas: no lo reconocieron a Él, ni reconocieron su voz yendo con Él por el camino. Mi oración por nosotros es que aprendamos a reconocer su voz cada vez más y que sepamos con certeza que Él sí está andando por el camino a nuestro lado.
Padre celestial, ayúdanos a creer, ayuda a estos corazones tozudos a creer, y a seguir creyendo, que Jesús está vivo, que Él es el Mesías y el Hijo de Dios enviado del Cielo no solo para redimir a Israel, sino al mundo entero, para darnos vida eterna. Señor, ayúdanos a perseverar en esta convicción. Padre, en tu misericordia concédenos la capacidad de oírte mejor. Ten misericordia de nosotros, porque estar limitados por el tiempo es muy difícil para nosotros. Esperamos ciertas cosas en ciertos marcos de tiempo y nos desanimamos cuando no las recibimos, o cuando nos sentimos solos, o cuando pensamos que no va a cambiar nada, que todo seguirá siendo tan complicado como lo está ahora, o cuando simplemente no vemos las bendiciones que nos has dado. Señor, tú sabes lo difícil que es estar limitado por el tiempo, porque tú lo estabas en los días de tu carne. Señor, en tu misericordia, concédenos el poder oírte y verte mejor. Quiero hablar contigo, oír tu voz, saber lo que me contestas, y tener comunión contigo. En el nombre de Jesús, Amén.
[1] Becky y yo comentamos un mismo pasaje cada día. Esto es lo que ella sacó.
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.