“Airaos, pero no pequéis” (Efesios 4:26).
Lectura: Ef. 4:22-32.
Ciertas injusticias provocan en nosotros una fuerte reacción de ira, y eso es normal, porque, siendo hechos a la imagen de Dios, tenemos cierto sentido de justicia. Pero, la cuestión es: ¿Qué hacemos con nuestra ira? ¿Cómo podemos airarnos sin pecar? Vamos a ver tres versículos que arrojan luz sobre el tema.
“Mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:19, 20). El problema con la ira del hombre es que no obra la justica de Dios. O bien, minimizamos lo ocurrido, o, como es más frecuente, no damos la justa retribución que la ofensa merece. Nuestra respuesta exagerada no ayuda a la otra persona a cambiar. No obramos la justicia de Dios. Solo logramos aplacar nuestra ira y satisfacernos a nosotros mismos. Pecamos no solo al no dar con la medida exacta del castigo, sino también al odiar a la persona y cerrar nuestro corazón a la compasión.
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres” (Rom. 1:18). La copa de la ira de Dios por el pecado del hombre se volcó de lleno sobre el Señor Jesús en el Calvario en nuestro lugar. Esta es la medida exacta de la ira que merece la impiedad del hombre hacia Dios y la injusticia del hombre hacia su prójimo: Dios fulminó a su Hijo. Nosotros no podemos fulminar a nadie, porque la ley humana lo prohíbe, no obstante, es lo justo. Dios es el único que puede dar la retribución justa que el pecado merece. El que no se arrepiente recibirá lo que merece de las manos de Dios, ¡y esto será terrible!
“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Rom. 12:19). Los que no aceptan la obra sustitutiva de Jesús tendrán que pagar ellos mismos por su pecado bajo la ira de Dios. Entonces, ¿qué tenemos que hacer? ¡Quitarnos de en medio y dejar lugar a la ira de Dios! Somos un estorbo cuando nos metemos en el terreno de Dios. Nuestra ira no le ayuda, al contrario, dificulta la obra que Él está haciendo. Tengamos paciencia y dejemos que Él obre en su tiempo: “Misericordioso y clemente es Jehová, lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo” (Salmo 103:8-9). Dios sacará su enojo. Cuando se llena la copa de su ira es terrible. ¿Qué le pasó a Saul que perseguía a David? Murió en batalla y el reino fue quitado de su dinastía. ¿Qué pasó con el rey Herodes que intentó matar al niño Jesús? Murió una muerte asquerosa comido por gusanos. ¿Qué le pasó al Israel del Antiguo Testamento? Instrumento de la ira de Dios, Asiria destruyó al Reino del Norte, y, como mano de Dios, Nabucodonosor destruyó el reino del Sur. Mató la vasta mayoría de la población y llevó el remanente a la esclavitud en Babilonia donde Dios los purificó. La ira de Dios es eficaz. ¿Qué pasó a Israel después de matar a Jesús? La ciudad fue arrasada por los romanos y la población masacrada en el año 70 a. C. “Cosa terrible es caer en manos del Dios vivo” ¿Qué tenemos que hacer entonces? Sacar la ira de nuestro cuerpo y ponerla en manos de Dios para que Él actúe eficazmente en su tiempo perfecto. Y lo hará porque es un Dios de justicia y suya es la venganza. Él pagará. No seamos un estorbo para Él.
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