LAS PUERTAS CERRADAS

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:26, 27).

Lectura: Juan 20:24-29.

            Jesús había resucitado, los otros discípulos se lo habían dicho a Tomás, pero él no lo creía. Necesitaba evidencia convincente, no solo palabras. Es esta clase de persona analítica que razona y quiere buenos argumentos para creer lo que está postulado, pero una vez convencida, ¡no hay quien que la pare!

            Tomás puso sus condiciones para creer: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (20:25). Pero el Señor le dio otra evidencia, más de la que había pedido. ¡Con ver aparecer a Jesús con las puertas todavía cerradas, esto ya era suficiente evidencia para creer! No obstante, Jesús también le dio la evidencia que él había exigido, y además otra, a saber, Jesús repitió textualmente lo que Tomás había dicho en cuanto a la evidencia que necesitaba para creer cuando estuvo hablando con los demás discípulos, mostrándole que había oído lo que Tomás había dicho ¡cuando su presencia era invisible, cuando nadie podía ver que Él estaba presente! O sea, Tomás tuvo tres clases de evidencia:

  1. Jesús escuchaba lo que él decía cuando él, Tomás, no podía verle.
  2. Jesús entró en la habitación sin abrir la puerta.
  3. Él pudo tocar las señales en el cuerpo de Jesús.

Tomás, al convencerse de la resurrección de Jesús, le fue fiel hasta la muerte.  

Lo que escribió Becky: “Tomás estaba dispuesto a creer, solo necesitaba la evidencia. Una vez que tuvo lo que necesitaba le entregó toda su vida a Señor. Fue consecuente. Su fe fue enorme. Toda su vida estaba alineada a su creencia y murió en la India por su Señor y Salvador. ¿Está mi vida alineada totalmente? Distintas personas necesitan distintas cosas para creer, pero no todo el mundo está dispuesto a declarar a Jesús como Señor, Dios y Salvador, de hecho, muy pocas son consecuentes”.

            En cuanto a mí, a veces tengo la puerta cerrada, porque estoy distraída, o porque estoy preocupada, o porque estoy en babia, y necesito que el Señor venga, y Él se aparece. No tengo que abrir la puerta para que Él venga a mí, Él puede venir y hacerse presente de forma palpable cuando quiere. Estoy muy agradecida de que Él tome la iniciativa y venga cuando Él ve que yo lo necesito.  


 
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