“Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen” (Salmo 68:1).
Lectura: Salmo 68:1-6.
En este salmo vemos dos lados de Dios, uno muy diferente del otro. Vemos cómo destruye a sus enemigos, por un lado, y cómo cuida de su pueblo, por otro: “Como es lanzado el humo, los lanzarás; como se derrite la cera delante del fuego, así perecerán los impíos delante de Dios. Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, y saltarán de alegría” (68:2, 3). ¡Que mueran los malos, pero que los justos se gocen delante de Él! Dios es la salvación de Israel, la liberación de la muerte para su pueblo, pero da muerte a sus enemigos: “Dios, nuestro Dios ha de salvarnos, y de Jehová el Señor es el librar de la muerte. Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que camina en sus pecados” (68:20, 21). Da tierno cuidado al desamparado, bendice a su pueblo con prosperidad, pero da pobreza al rebelde: “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada. Dios hace habitar en familia a los desamparados; saca a cautivos a prosperidad; mas los rebeldes habitarán en tierra seca” (68:5, 6).
Muchos leen este salmo y solo se fijan en los versículos bonitos, saltando otros, porque no entienden, por ejemplo, cómo Israel puede enrojecer sus pies en la sangre de los enemigos de Dios (68:23). No les parece bien. ¿Hay contradicción en Dios? ¿Es cruel el Dios del Antiguo Testamento? ¿Es diferente del Dios del Nuevo? No. Es Dios de justicia siempre. Hoy día se habla de los derechos de los criminales, las cárceles son hoteles, y casi nadie cumple su condena completa. En el Antiguo Testamento Dios usaba a Israel para ejecutar justicia entre las naciones. Todos sus juicios son justos. Las naciones paganas cometían atrocidades, y merecían el juicio de Dios. Pero los israelitas tampoco eran justos. Otros salmos lo reconocen: “Dios, si mirares a los pecados, ¿quién podrá mantenerse?” (Sal. 130:3). El argumento de Pablo en Romanos es que tanto judíos como gentiles merecen el juicio de Dios: “¿Qué, pues, somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno” (Rom 3:9, 10). La salvación en Cristo es para ambos; “La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia (entre judíos y gentiles), por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Rom. 3:22-24). “¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles” (Rom. 3:29).
Vemos el juicio de Dios sobre los paganos en este salmo, y sobre Israel en los profetas (ver Lam. 1:1-5). En el Nuevo Testamento la salvación de Dios es tanto para Israel como para las demás naciones. Este salmo empieza: “Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos”. Dios se levantó y destruyó a sus verdaderos enemigos, el pecado, la muerte y el diablo, por medio de Cristo y ahora hay salvación para todos los que creen, tanto de un pueblo como de otro.
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