“Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; exaltad al que cabalga sobre los cielos. JAH es su nombre; alegraos delante de él” (Salmo 68:4).
Lectura: Salmo 68:32-35.
Este es un salmo que habla de la victoria de Dios sobre sus enemigos. Salen imágenes de guerra como: “Dios herirá la cabeza de sus enemigos” (68:21), pero, a la vez, tenemos la tierna imagen de Dios pastoreando a su pueblo por el desierto: “Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto… a tu heredad exhausta tú la reanimaste” (68:7, 9). Dios es temible y tierno, las dos cosas. Cuando Dios acompañó a su pueblo por el desierto su presencia hizo temblar la tierra: “Aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel” (v. 8), pero este Dios fue benigno para con su pueblo: “Los que son de tu grey han morado en ella; por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre” (68:10). En tu concepto de Dios, haz espacio por las dos facetas de su carácter.
Tememos a Dios y lo amamos, el uno no contradice al otro. Lo adoramos con cánticos de alabanza: “Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; exaltad al que cabalga sobre los cielos. JAH es su nombre; alegraos delante de él”. Las mismas tropas que marcharon a la batalla para luchar formaron una procesión santa en el tabernáculo para adorar: “Los cantores iban delante, los músicos detrás; en medio las doncellas con panderos. Bendecid a Dios en las congregaciones, al Señor, vosotros de la estirpe de Israel. Allí estaba el joven Benjamín, señoreador de ellos, los príncipes de Judá en su congregación, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí” (68:25-27). La adoración a Dios es alegre, movida, emocionante.
Cantemos al Dios que es temible y tierno: “Cabalga sobre los cielos” (68:4 y 33) y “da fuerza y vigor a su pueblo” (68:35). Es transcendente y cercano. El salmista invita a todos los pueblos del mundo a cantarle alabanzas: “Reinos de la tierra, cantad a Dios, cantad al Señor; al que cabalga sobre los cielos de los cielos, que son desde la antigüedad, he aquí dará su voz, poderosa voz. Atribuid poder a Dios; sobre Israel es su magnificencia, y su poder está en los cielos. Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios; el Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo” (68:32-35). Dios es poderoso, magnífico, temible y “da fuerza y vigor a su pueblo”. Por lo tanto, lucha por Dios y cántale alabanzas, ¡las dos cosas! Todos unidos aclamamos: “Bendito sea Dios” (68:35).
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