“Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gal. 2:20).
Lectura: Fil. 3:7-11.
Andar con Jesús es pasar en mi carne lo que Él pasó en la suya.
“Haya pues en vosotros este sentir que hubo en también en Cristo Jesús… Estando en condición de hombre, se humilló” (Fil 2:5, 8).
Me meto cada vez más adentro del corazón de Jesús, buscando saber la razón,
Por la cual Él me amó; porque se inclinó a levantarme del lodo cenagoso,
Salvando mi alma, haciéndome completo, aunque me había alejado de Él.
“Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mat. 26:42).
Me meto cada vez más adentro de la voluntad de Jesús, pidiendo gracia para seguirle, Buscando su camino a conocer; inclinándome en completa rendición a su voluntad,
Diciéndole que me tome, me rompa y me cambie hasta que esté moldeado a su imagen.
“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Fil. 3:10).
Me meto cada vez más adentro de la cruz de Jesús, siguiéndole a Getsemaní, y
Enfrentando al temido enemigo; bebiendo la copa del dolor, sollozando con corazón quebrantado:
“Oh, Salvador, ¡ayúdame! Querido Salvador, ¡ayúdame! Dame gracia en mi debilidad.
“Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz menospreciando el oprobio” (Heb. 12:2,3).
Me meto cada vez más adentro del gozo de Jesús, elevándome con el alma extasiada, Lejos del mundo abajo; siento gozo en lugar de tristeza, paz en medio del dolor,
Jesús me lo da, él me lo da; él sostendrá y me seguirá sosteniendo hasta que llegue a él.
En mi vida cotidiana, consagrada a Dios, voy comprendiendo y viviendo cada vez más profundamente el amor de Jesús que lo llevó a darse por mí. Este amor me llega y lo transmito a otros, como lo hizo Él, aunque me cueste la vida. He bebido la copa de la voluntad de Dios con Él en el huerto de Getsemaní, aceptando la muerte a mis deseos y sueños, enfrentando la dura realidad de lo que Él quiere para mí, entendiendo que viene informada por su amor por mí, aunque no lo entienda de momento. Me muero a mi vieja vida, con todas su taras y tendencias torcidas, y resucito juntamente con Él a una nueva vida en el Espíritu Santo. Vivo del gozo de Jesús en medio de mis pruebas, como Él vivía del gozo de su Padre en las suyas, disfrutando de la comunión con Él al experimentar lo que Él experimentó, conociéndolo cada vez más en mi identificación con Él, siendo motivada por sus motivaciones, doliéndome con sus dolores, y gozándome de su gozo. Y de esta manera me voy transformando para ser cada vez más como Él, y así lo sigo, hasta que lo alcance en su reino.
Copyright © 2024 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.