LAS CONVERSACIONES DE JESÚS (5)

   

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará” (Juan 11: 21, 22).
 
Lectura: Juan 11:17-27.
 
La conversación con Marta:
 
En su conversación con Marta, notamos el mismo patrón que hemos visto en todas las conversaciones de Jesús; Él escucha y luego habla y entonces deja hablar a la otra persona. Aquí habla Marta; habla Jesús; habla Marta; habla Jesús, afirma y hace una pregunta; Marta responde. En este diálogo corto Jesús lleva a Marta desde la fe en que Jesús puede sanar a enfermos hasta la profunda convicción de que Él es el Hijo de Dios. Habla de sí mismo y luego le hace la pregunta de todas las preguntas: “¿Crees esto?” Esta pregunta llevó a Marta a confesar: “Yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (v. 27). Su fe ha tomado un enorme paso adelante.
 
La conversación con María:
 
María abre su conversación con Jesús diciendo lo mismo que su hermana: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano” (v. 32). Pero Jesús no le contesta. Aquí tenemos un desvió de su patrón acostumbrado de conversar. Sintió la muerte de su amigo tan profundamente y el dolor de María que no podía entablar conversación con ella. Su respuesta era identificarse con su dolor. Esta relación era una de las más íntimas que sostuvo Jesús. En aquellos momentos de pérdida tan desgarradora, no quería entrar en una explicación larga acerca de la muerte y la resurrección. No era lo que María necesitaba. Ella había dicho las mismas palabras que su hermana, pero la intención fue diferente. Su pregunta era: “Señor, ¿te importa?” Las lágrimas de Jesús fueron la respuesta (v. 33). En lugar de hablar con ella se dirigió a los que estaban allí presentes y dijo: “¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró” (v. 34, 35). La más íntima de las conversaciones de Jesús fue sin palabras.
 
Concluimos el ciclo de las conversaciones de Jesús:
Hemos visto sus intercambios con personas abiertas al evangelio, con sus enemigos y con sus amigos. Nos impresiona su uso de preguntas, su capacidad de escuchar y hablar brevemente e ir al grano, vemos cómo sus conversaciones conducen a los otros a una comprensión nueva que los define como personas. Se acercan o se alejan, pero no quedan iguales. Sus amigos crecen en su comprensión de su persona. Y con los más íntimos, Él abre su alma.
 

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