LAS CONVERSACIONES DE JESÚS (4)

   

“Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?” (Juan 9:35).
 
Lectura: Juan 9:1-12.
 
La conversación con el hombre nacido ciego:
 
Jesús empieza la conversación haciéndole una pregunta. El hombre contesta con una pregunta. Habla Cristo; habla el hombre y luego habla Cristo. Este es el patrón que ya vamos reconociendo. Las intervenciones de Jesús son breves y deja que la otra persona hable tanto como Él. Jesús podría haber comenzado con un discurso acerca de quién era, obligando al hombre a creer en Él ya que le había hecho el milagro de restaurarle la vista, pero quería dejarlo libre para creer o no creer. No lo coacciona.
 
Los fariseos presentes habían visto el mismo milagro, pero Jesús no les hace la misma pregunta. Hace una afirmación provocativa: “Para juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados” (v. 39). Con esto da a entender que Su origen no es de este mundo, que tiene autoridad sobre ellos, que da la vista a ciegos, y que los que no creen en Él pierden la vista que tenían. Ellos lo captan todo. Entonces, son ellos los que hacen la pregunta. Preguntan si son ciegos. Jesús no les contesta que sí. Les contesta algo mucho más profundo que va implícito en su pregunta: Les dice que, porque no quieren reconocer su ceguera espiritual, están en pecado; los que confiesan su pecado son los que son perdonados. Con los que no quieren creer, Jesús es muy directo. Su intención no es insultarlos, ni taparles la boca, sino despertarlos y hacerlos reaccionar, para que se salven. Para ser salvos tienen que reconocer que, siendo maestros espirituales, han sido ciegos a las realidades de Dios.
 
La conversación con sus enemigos:
 
Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para matarlo: “Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?” (Juan 10:31, 32). ¡Brillante pregunta! Le salvó la vida. Ellos le contestan honestamente. Entonces Jesús les hace dos preguntas más que no saben contestar, y se defiende invitándolos a creer en Él por las obras que hace. Excelente lógica. Oportunas preguntas. Como no las sabían contestar, otra vez lo atacan físicamente.
 
A sus enemigos Jesús intenta hacerlos pensar. Si son fariseos, les hace preguntas de la Palabra de Dios para hacerles dudar de su postura, para llevarlos a la fe, pero están tan seguros de sí mismos que no admitan desafíos a pensar. Cuando los arrincona, recurren a la violencia. Aquí tenemos una lección también. No debemos malgastar nuestro tiempo intentando enseñar a nuestros enemigos que no quieren creer. Es mejor hacerles una pregunta que revela su obstinación. Si claudican, Dios puede hablarles, pero si se cierran en banda, mejor alejarnos de allí (cosa que hizo Jesús), ¡porque podrían atacarnos! Si pierden el diálogo, te pueden pegar. Así es la persona que realmente no quiere reconocer que no tiene razón, y que no quiere cambiar. En cuanto a esto el Señor dice: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra” (Juan 15:20). Estamos avisados. 
 

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