HECHOS NUEVOS Y JUSTOS[1]

   

“De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
 
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).
 
Lectura: 2 Cor. 5:14-21.
 
Josep Prince insiste en que debemos mirarnos en el espejo y declarar que somos la justicia de Dios en Cristo. Yo lo encuentro difícil, instintivamente, de la misma manera que encuentro difícil mirarme en el espejo y declarar que soy la persona a la que Jesús amaba, porque pienso que debo merecer estas cosas antes de declararlas. Sé que no lo merezco. ¿Qué significa que yo soy la justicia de Dios en Cristo? Lo tengo subrayado en mi Biblia. Hoy he decidido consultar el diccionario para saber lo que significa ser justo. Pues, significa ser moralmente justificado.
 
El versículo de este pasaje que también significa muchísimo para mí es el que dice: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (5:17). Apela a mi sentido innato de optimismo, es feliz y celebra esta realidad. Los dos versículos que encabezan nuestra meditación se complementan. Viene a mi mente la imagen que Dios me ha dado de la oruga que se convierte en mariposa. No es muy adecuado decirlo de esta manera, pero Dios convirtió a Jesús en oruga por nosotros. Si hemos creído, entramos en el capullo y pasamos un tiempo de preparación, tentación y sufrimiento que lleva a la transformación. Transformación implica un impacto en el objeto que está siendo transformado. No puedes quitar las impurezas del oro sin someterlas al fuego. No puedes remodelar el barro sin mojarlo, sujetarlo a presión y estrujarlo para hacerlo nuevo. Lo mismo es cierto de los vasos japoneses, “katsugi”, que se rompen y luego se vuelven a montar con oro. Todos estos objetos están sujetos a presión de la misma manera que nosotros lo estamos para que Dios pueda moldearnos. Pero antes de someternos a estos golpes transformadores tenemos la promesa de Dios de que Él ya nos ve como si nunca hubiésemos pecado. Ya hemos sido reconciliados porque Jesús ha muerto por nosotros. Ya somos justificados, y somos hechos nuevos. Aunque todavía estamos en el estado del capullo, somos hechos nuevos. Ya estamos en el camino nuevo. No somos un fracaso. No obstante, a menudo pienso: “Otra vez he fallado. Lo he hecho mal”, pero con todo, ni yo, ni nosotros somos un fracaso. Así no es como Dios nos ve. Dios nos ve como: “Yo soy de mi Amado y Él es mío”. Esto es lo que significa “estar en Cristo”.
 
Padre amado, te doy muchas gracias de que no haya nada que necesitemos hacer. No haya éxitos que hayamos de conseguir. No haya cambios de carácter que necesitemos efectuar, porque tú has hecho todas estas cosas por nosotros. El cambio de carácter está todavía en progreso, pero según tu perspectiva, ya está hecho. Es lo que Jesús dijo en la Cruz: “Consumado es”. Está terminado. La obra se ha hecho y está completa. No hay nada más que se tenga que hacer. No nos corresponde hacerlo. Todo el trabajo del principio hasta el final siempre ha sido tuyo. Y Señor, ayúdanos a vivir en la libertad de lo que esto significa y declarar con valentía que somos la justicia de Dios en Cristo, que somos de nuestro Amado y que Él es nuestro, y que somos la persona a quien Jesús amaba. Gracias, Señor por amarnos; te amamos a ti. Amén.

[1] Escrito por Becky Cretney.

Copyright © 2024 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.