“Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro” (Filemón 1).
Lectura: Filemón 1, 2.
El versículo 1 empieza: “Pablo, prisionero de Jesucristo”. Pablo estaba sufriendo por la causa de Cristo. Cuando pensamos en nuestros sufrimientos nos damos cuenta de que algunos vienen por la causa de Cristo, pero otros vienen por nuestra propia culpa. Es muy importante distinguir entre las dos causas. Así que la primera pregunta que nos hacemos es ¿cuál de mis sufrimientos han venido por mi culpa? Esta es una pregunta clave a la que es muy difícil contestar, porque nuestra tendencia natural es pensar que todos nuestros sufrimientos han venido por culpa de otros. Así que tenemos que preguntar al Señor que nos lo haga ver con la finalidad de trabajar las causas que son nuestras, para evitar más sufrimiento en el futuro y para ser de mayor bendición para nuestros hermanos.
La carta es de Pablo. Pablo habla muy poco de sí mismo, pero revela su carácter con más claridad que casi cualquier libro del Nuevo Testamento. La carta va dirigida a Filemón, a quien se refiere como su amado colaborador. Pablo no se coloca por encima de este hermano, sino al lado de él. Le desea la gracia y paz de Dios Padre y del Señor Jesús, poniendo al Hijo en el mismo nivel con el Padre.
A su amado hermano Pablo dice: “Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones” (v. 4). Se acuerda de su amigo orando por él, y siempre que lo hace es para dar gracias a Dios por él, y lo hace por dos cosas en concreto: por el amor que tiene por el Señor y por todos los creyentes, y por su fe, que va transmitiendo a toda la gente. Nos llama la atención que lo que lo mueve a Pablo no es su amor por él, Pablo, sino su amor por todos los creyentes. Pablo ama a los que aman a otros.
El apóstol pide que la fe de Filemón sea fructífera para que otros que no conocen al Señor sean salvos, y para la edificación de los creyentes: “Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (v. 6). Por medio de la evangelización de Filemón se ha formado una iglesia que se reúne en su casa compuesta por la gente que él ha llevado al Señor y que está pastoreando. Este Filemón es un hombre amoroso y responsable. Pablo dice que ha recibido mucho gozo y consuelo de la relación que sostiene con él, porque los corazones de los santos han sido refrescados por él.
Es impresionante. Es una persona de amor y fe y con esto ha formado una iglesia para amar a esta gente, animarlos, edificarlos, darles gozo y refrescar sus corazones. ¡Qué ministerio más hermoso! A mí me gustaría tener uno parecido. Filemón no es un pastor que manda y controla. No impone la ley, no entristece a la gente, sino que la deja consolada y gozosa.
Esta debe ser la experiencia de todo creyente, que vuelva de la iglesia consolado y gozoso porque ha sido ministrado por la fe de otros creyentes, porque su fe y amor lo han edificado, y porque ha experimentado algo del bien que está en todos nosotros por Cristo Jesús.
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