PARA SOBREVIVIR EN EL DESIERTO[1]

“Mas estas cosas sucedieron para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron” (1 Corintios 10:4-6).
 
Lectura: 1 Cor. 10:1-6.
 
Yo estaba pensando, pues, ¿qué cosa mala desearon los israelitas en el desierto? Querían puerros y cebollas. A mí no me gustan los puerros, pero ¿qué mal deseaban? Deseaban las comodidades de Egipto. ¿Es malo desear estar cómodo cuando estás en medio de un terrible desierto? ¿Es malo quejarse con Dios cuando no tienes nada para comer y tienes hambre? ¿De qué me quejo yo? ¿Es malo hacerlo? ¿Es malo estar harto de comer la misma comida todos los días? No. Lo malo consiste en dónde estaba su corazón. Su corazón estaba en Egipto. Querían lo que pensaban que podían conseguir en Egipto, aunque, si estuvieran allí, a lo mejor no lo podían tener. Querían comida buena y lo que vieron comer a los demás. El mal consistía en no confiar en Dios. Si lo hubiesen hecho, su estancia en el desierto habría sido mucho más breve. Habría durado 2 años en lugar de 40.  Así que, ¿fue malo lo que deseaban? Sí, porque deseaban Egipto. ¿Es lo que yo deseo malo? ¿Qué quiero y de qué me quejo? De entrada, no parece malo, pero esto no significa que no lo sea. Los puerros y las cebollas de entrada no parecen malos, pero si simbolizan mi vieja vida, sí que está mal desearlos.
 
Así que, ¿qué deseo yo? Pues, muchas cosas que son malas. Deseo poder influenciar en las decisiones que toman en el trabajo. De entrada, esto no parece malo, pero si miro por debajo de la superficie, ¿a dónde conduce? A mi deseo de ser importante. Y si miras por debajo de esta superficie, conduce a mi deseo de ser útil y exitosa. Y por debajo de este deseo está el de ser admirada. Y esto sí que está mal. Quiero que la gente se doble delante de mí. No literalmente, claro. Alguien me dijo que si te preguntas “¿por qué?” 5 veces llegas a una comprensión más clara de la verdad. ¿Quieres esto? ¿Por qué?  Y si sigues preguntando, llegas a tu verdadera motivación. Es duro soltar nuestros sueños y deseos. Es duro de verdad. Significa morir a nosotros mismos. Es lo que Jesús tuvo que hacer en Getsemaní. Es aceptar que el plan de Dios no coincide con nuestro plan, que lo que nosotros deseábamos no es lo que Dios había pensado para nosotros. Puede ser que quieras algo bueno. No es malo tu plan, pero todavía has de morir a tu deseo. Para mí, no quiero seguir en un trabajo secular. ¿Es malo desear servir al Señor? No, pero esto no es lo que el Señor tiene para mí. Así que, tengo que morir a mi deseo. El motivo por el cual el Señor nos está hablando de renunciar nuestra voluntad sale claramente en el pasaje. Es porque nos ama y no quiere que perezcamos en el desierto. El desierto no es para los pusilánimes. No todos sobreviven el desierto. La vida cristiana es una vida en la cual tienes que perseverar hasta el final. La única manera de llegar hasta el final es coger tu cruz cada día y seguir al Señor. No puedes ser cristiano sin seguir a Cristo. No puedes ser cristiano sin morir a tu viejo yo. Y muchos murieron en el desierto por este motivo, por insistir en su propia voluntad.  
 
Padre celestial, gracias por tu gran amor por nosotros. Gracias que nos muestras los deseos malos de nuestros corazones si te lo preguntamos. Tú quieres que sobrevivamos el desierto, pero no vas a obligarnos a recibir tu amor. Y Señor, tienes muchos planes para mí que no me gustan. Hay comida espiritual que no me apetece. Y hay muchas cosas que sí que quiero, que reconozco que no son buenas para mí, así que, ayúdame a tomar mi cruz cada día y seguirte, no importa cuán duro parece ser el desierto. Ayúdame a hacerlo con gozo. Tus promesas son verdad: el desierto finalmente conduce a la tierra prometida. Yo creo que finalmente veré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Amén.

[1] Escrito por Becky Cretney

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