EL CAMINO DEL ESPÍRITU SANTO HACIA LA VICTORIA

“Si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:13).
 
Lectura: Romanos 8:9-14.
 
            Cuando el Señor Jesús dejó este mundo para estar al lado del Padre en el cielo nos dio un don maravilloso que continuaría con la obra que Él empezó. Jesús murió por nuestros pecados para que pudiésemos ser perdonados, pero, una vez perdonados, ¿cómo podemos ser librados del poder esclavizador del pecado? Una cosa es ser perdonado del pecado de discutir siempre con todo el mundo, pero otra cosa muy diferente es dejar de hacerlo, porque ya forma parte de nuestro carácter. Lo que decimos del pecado de discutir, también puede decirse del pecado de comer demasiado, o el pecado de la bebida, o el pecado de la pornografía, o de querer más y más dinero, y un largo etcétera. La práctica del pecado esclaviza. ¿Cómo podemos romper estas cadenas que nos esclavizan?
 
            Primeramente, tenemos que ver que estas cosas son pecado. Para el que las practica son normales. No las ve como pecados. Así que la primera cosa que tiene que hacer el Espíritu Santo es convencerle de pecado. “Cuando él (el Espíritu Santo) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8). También convence al creyente de pecado. Somos ciegos al pecado en nuestra vida. Hace falta que el Espíritu Santo nos muestre que esta cosa que la vemos tan normal es realmente pecado. Nos tiene que convencer de que no es justo y que viene el día del Juicio en que estas cosas saldrán a la luz para la vergüenza del que las practica. El Espíritu Santo que mora en el creyente es el Espíritu de santidad. Detecta todo lo que no es correcto en nosotros. Hemos de desear y buscar la santidad. Hemos de orar y pedir que el Espíritu nos guíe a toda la verdad: “Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13). Padre amado, te pedimos que nos muestres las cosas en nuestra vida que son pecado. Haznos sensibles a la voz del Espíritu: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apoc. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). Esta frase está repetida siete veces, para todas las iglesias y para todos los miembros de todas las iglesias. Que oigamos lo que nos dice el Espíritu acerca de lo que hacemos mal.  
 
            Una vez que hemos visto que cierta cosa en nuestra vida está mal, ¡empieza la batalla! ¿Cómo podemos tener la victoria sobre este pecado? Ahora es donde entra nuestro texto: “por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne”. Hemos de llevar estos pecados a la cruz en oración, confesarlos como pecado, y clavarlos a la cruz para que mueran con Cristo. El Señor Jesús con la ayuda del Espíritu murió en la cruz: Jesús “mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (Heb. 9:14). Si el Espíritu ayudó a Jesús a morir por el pecado del mundo, te puede ayudar a ti a morir al tuyo. Necesitas poder para llevar tu pecado a la cruz. Este poder te lo ofrece el Espíritu Santo. La lucha es feroz, pero con su poder puedes clavar estos pecados a la cruz y morir a ellos. Entonces el poder del Espíritu te levantará a una nueva vida de victoria sobre ellos: “El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). El Espíritu te revelará estas verdades y te dará la luz y el poder necesarios para vivir en victoria sobre el pecado si lo deseas.
 

Copyright © 2024 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.