FORMACIÓN EN JUSTICIA

 

“Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Tim. 3:2-5).
 
Lectura: 2 Tim. 3:6-9.
 
            ¡Qué lista! El pasaje empieza diciendo: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos, porque habrá hombres…”, y luego viene esta lista. ¿Dónde estarán estos hombres? A primera vista pensamos que los encontraremos en el mundo, que en los postreros días habrá gente que responda a esta descripción en la sociedad que nos rodea, pero el texto dice que éstos “tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (3:5). Harán ver que son creyentes. Luego dice: que “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (3:7). ¡Estos hombres están en la iglesia! Por eso son tan peligrosos. Si los encontrásemos en el mundo, no nos engañarían. Pero en la iglesia, sí. Los del mundo no tienen apariencia de piedad. Tampoco están aprendiendo las cosas de Dios, ¡todo lo contrario!, pero los que están en la iglesia, sí. 
 
            ¿Qué pasa con estos hombres? ¿Tienen fallos doctrinales? Si nos fijamos, todas las palabras en la lista de Pablo se refieren a cosas de su carácter, no a sus doctrinas. ¿Qué tenemos que hacer con ellos? Evitarlos. Pablo dice: “a éstos evita”. Además de fijarnos en la enseñanza que da una persona, hemos de fijarnos en qué clase de persona es, porque las dos cosas concuerdan, buena doctrina y buen carácter. Pablo dice a Timoteo: “Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia …”. Tomemos nota, Pablo dice “doctrina y conducta”. Pablo tenía buena doctrina y buena conducta. Luego habla de cómo ha sufrido persecución por amor a Cristo, porque “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (3:12). Pablo tiene las credenciales de un fiel siervo de Cristo: buena doctrina, buen carácter y sufrimiento por la causa de Cristo.
 
            En cuanto a nosotros, ¿qué hemos de hacer? Pues, fijarnos en el carácter del predicador y evitar a los engañadores. Luego hacer lo que Pablo dice a Timoteo: continuar en las Escrituras, reconocer su autoridad, y dejar que ellas nos formen para que seamos perfectos y preparados para una vida de buenas obras: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido… Las Sagradas Escrituras… te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (3:14-17). Hagamos esto y viviremos una vida que agrada a Dios. 

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