NO JUZGAR (3)

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mat. 7:1-2).

Lectura: Mateo 7:1-5.

No juzgar críticamente a los demás forma una parte importante de un carácter hermoso. Así es una persona compasiva y misericordiosa con un corazón tierno. Hace muchos años que una amiga me dijo: “¿Sabes una cosa? Tú eres una mujer justiciera”. ¡Qué golpe más inesperado!, pero era la verdad. Yo era legalista hasta que el Señor me quebrantó por medio de las experiencias duras de la vida por las cuales vi que yo no era mejor que nadie. Había sido dura y exigente con otros, pero no yo podía hacer todo bien tampoco. Aprendí que el camino para conseguir el favor de Dios no es cumplir perfectamente con toda su Palabra, sino una identificación profunda con su Hijo que me otorga su justicia y me da aceptación con Dios, no por mis logros, sino por los suyos. Costó tiempo, pero ahora miro atrás y veo que no soy la misma, gracia a Dios.

¿Qué carácter queremos tener? ¿Queremos ser enjuiciadoras o misericordiosas?  ¿Queremos ser cotillas o compasivas? ¿Queremos destruir reputaciones o protegerlas? De mi madre puedo decir que ella no permitía que hablásemos mal de nadie. Siempre que lo intentábamos ella decía: “No podemos hablar de esto ahora”, y cortaba. ¡Lo que pasa es que nunca llegaba el momento de hablar de aquello!

Yo juzgo y descalifico a la gente por:

  • ¿Su doctrina? ¿Pienso que la mía es la única que vale y todos lo que piensan de otra manera están equivocados y probablemente no son creyentes?
  • ¿Su manera de vestir? ¿Pienso que todas las mujeres que no tienen pudor viven sumergidas en la inmoralidad?
  • ¿Su ética? ¿Pienso que son malos todos lo que no se conforman a mis valores?
  • ¿Su formación académica? ¿Estimo ignorantes a los que no tienen estudios?
  • ¿Sus ideas políticas?  ¿Discuto con los que tienen ideas opuestas a las mías?
  • ¿Su nacionalidad? ¿Descarto ciertas nacionalidades?
  • ¿Su físico? ¿Descalifico a los que no son atractivos según mis gustos?
  • ¿Su nivel social o económico? ¿Solo me asocio con los de mi clase?

Si evalúo a la gente con este criterio, después de dos minutos la tengo clasificada y o bien, aceptada, o bien descalificada. Lo que pasa es que Jesús no miraba a la gente con estos ojos. Si lo hubiese hecho, nunca habría tocado a un leproso, o conversado con una samaritana, o explicado el nuevo nacimiento a un fariseo, o tenido a María Magdalena en el grupo de mujeres que lo servía y seguía, o tenido excolaboradores de Roma entre los doce discípulos, o aparecido a Saulo de Tarso en el camino de Damasco. Tampoco me habría buscado a mí para ser una de sus seguidoras. Pero gracias a Dios, lo hizo, pues el hombre mira lo exterior, pero Dios mira al corazón. Por este motivo, Él es el único que puede ser nuestro Juez.       
 

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