EL TEMOR A DIOS SIGNIFICA…

“Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero: y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, para los que piensan en su nombre” (Mal 3:16).

El pueblo de Israel en tiempos de Malaquías estaba ofendiendo a Dios sin reconocerlo, porque en el fondo no lo temían. Dios les dice: “Vuestras palabras contra mí han sido violentas.” (3:13). Y ellos contestan “¿Qué hemos hablado contra ti”? Ni siquiera se dan cuenta del estado de su corazón, ni mucho menos de cómo estaban afrentando a Dios por su falta de respeto. No lo temían.

¿Qué significa temer a Dios? El temor a Dios no es tanto un sentimiento como una actitud que lleva a la persona que lo tiene a tratar todo lo relacionado con Dios con mucho respeto, desde la conducta en el templo, hasta la forma de dirigirse a Él, y, por supuesto, lleva a la obediencia. Este libro nos lo explica. Según Dios, temerlo es:

  • Alabarlo por su gran amor al escogernos a nosotros para ser sus hijos. Es una actitud de humildad y agradecimiento (1:2).
  • Entregarle lo mejor de lo que tenemos, no lo que nos sobra (1:6-10).
  • Conseguir conocimiento de Él por el estudio de su Palabra para que podamos contestar a las preguntas de otros y ayudarles a conocerlo mejor (2:7).
  • Ser fieles en nuestro matrimonio y criar a nuestros hijos en el temor y conocimiento de Dios para que Él tenga más hijos (2:14-16).
  • Creer que Dios es un Dios de justicia y que Él pondrá las cosas en su sitio a su debido tiempo (2:17).
  • Darle a Dios el diezmo y todo lo que le corresponde y hacerlo con corazón alegre y agradecido (2:8-12).
  • Considerar que es un gran privilegio servir al Señor y que en ello hay grande galardón (3:13, 14).

El resultado de temer a Dios, según Dios mismo, es que: “Serán para mí mi especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre perdona a su hijo que le sirve” (3:17). Sus hijos no son perfectos, pero lo aman y obedecen, y Dios los perdona.

Los que temen a Dios son su pueblo de verdad. “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada” (4:2, 3). En el día del juicio, estos son los que serán salvos, ¡y en su salvación se alegrarán, y brincarán como becerros de la manada en los pastos eternos de Dios!

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