“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
Lectura: Rom. 12:9-20.
Continuamos con el tema de los cambios en la sociedad con la nueva era en que vivimos, y concretamente, en la familia. Para mantener un incremento sostenible de la población y respetar el derecho de la mujer a tomar decisiones sobre su cuerpo, se practica el infanticidio, conocido como el aborto. La revolución sexual ha introducido el sexo a los adolescentes, el cambio de sexo, y el sexo entre personas del mismo género, y ha dejado a los padres con poca autoridad para implantar sus valores en sus hijos. Los niños gozan de una mayor libertad para tomar sus propias decisiones, y los padres, para no perderlos, consienten a sus demandas. En muchos casos tienen el uso de móviles, i-pad, Tablet y televisión sin restricciones. Los adolescentes determinan a dónde van, qué hacen y la hora de volver a casa. Los abuelos ya cuentan con terminar sus años fuera de la familia en un hogar de ancianos. Se prevé que la eutanasia va a tener mayor aceptación y uso en el futuro. La generación post COVID cuenta con menos trato humano y más restricciones y complicaciones para viajar resultando en menos contacto con la familia.
Las grandes ciudades son de cemento, compactas, sin grandes parques o mucha hermosura de naturaleza. Todo es humano y nada de Dios. La Plaça dels Països Catalans en Sants, Barcelona, es un botón de muestra. Está compuesta de cemento y metal sin plantas, ¡y fue premiada! Los mismos arquitectos que la intentaron reproducir en Málaga se encontraron con una protesta de parte de la población y la tuvieron que desmontar y volver a plantar árboles.
Vivimos en una sociedad informatizada que resulta fácil para los niños y complicada para los mayores. Todo es a base de móviles, y ordenadores. Pagas con el móvil y el trato personal en el banco va desapareciendo. De hecho, con el móvil hay menos trato humano. Las llamadas telefónicas han sido reemplazadas por iconos, frases hechas y cromos con versículos.
Todo esto ha tenido grandes repercusiones para la mujer. Tiene que ser la perfecta madre, esposa y empleada, y tiene el fracaso asegurado porque no es posible. Ni le es posible acceder al liderazgo en el trabajo. El 70% del liderazgo es masculino. A pesar de los avances, la mujer se encuentra discriminada todavía. Si su prioridad es la familia, su trabajo sufre. Si es ambiciosa e inteligente en su vocación laboral, siente que no ha llegado a su potencial.
Esto es lo que hay en el mundo. ¿Y en la iglesia? Desafortunadamente, está haciendo componendas con el mundo. Está como el creyente Lot, lamentando el estado de Sodoma y Gomorra mientras va plantando su tienda cada vez más cerca, hasta acabar dentro.
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