“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17).
Lectura: Mateo 4:12-20.
Jesús empezó su ministerio público anunciando la llegada del reino de los cielos: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17), y terminó su estancia en la tierra hablando del reino de los cielos: “…apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3). De hecho, el libro de Hechos empieza y termina con esta expresión, porque Pablo también terminó su vida hablando del reino de Dios: “Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (Hechos 28:30, 31). Tanto el Señor Jesús como Pablo hablaron del reino al final de sus vidas. Entonces, ¿por qué hablamos nosotros tan poco acerca del reino de Dios? Normalmente hablamos del Evangelio, o de la salvación, pero pocas veces acerca del reino de Dios. ¿Qué significa esta expresión exactamente, y qué dice la Biblia acerca de él?
El reino de los cielos es lo mismo que el reino de Dios. (Los judíos evitaban usar el nombre de Dios siempre que podían por temor de tomarlo en vano). El reino de Dios es el dominio donde Dios está reinando en las vidas de las personas que se someten a su gobierno. Es un reino espiritual, no político, como explicó Jesús a Pilato cuando Jesús fue acusado de levantar una insurrección contra Roma: “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz” (Juan 18:36, 37). Pilato entendió que Jesús no presentaba ningún peligro al Imperio Romano y por eso dijo que no hallaba en Él ningún delito (Juan 18:38).
Pero los discípulos de Jesús sí que esperaban un reino político inmediato. Por eso cuando Jesús establa hablando con ellos acerca del reino de Dios justo antes de volver al cielo (Hechos 1:3) ellos preguntaron si Jesús lo iba a restaurar enseguida: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Jesús les contestó: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”, que lo que ellos tenían que hacer era esperar la llegada del Espíritu Santo y predicar el Evangelio a todo el mundo, porque, como Jesús ya había explicado: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Lo que está clarísimo es que Jesús sí es Rey, cuyo reino no es de este mundo, y que antes de que Él vuelva a reinar, el evangelio será predicado en todo el mundo a todas las naciones. Lo que nos incumbe ahora es extender el evangelio por todos los medios posibles y vivir de manera santa y piadosa (2 Pedro 3:11), mientras esperamos su venida.
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