EL SUFRIMENTO COMÚN

“¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa!… Amargamente llora en la noche… Judá ha ido en cautiverio… Las calzadas de Sion tienen luto… Desapareció de la hija de Sion toda su hermosura… ¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor” (Lamentaciones de Jeremías 1:1-6, 12).

Lectura: Lam. 1:1-6.

Sí que nos conmueve. Nos conmueve el terrible sufrimiento que padeció Jerusalén por su propio pecado y nos conmueve el dolor y la angustia de Jeremías que no había hecho nada para merecer este sufrimiento. El profeta estaba deshecho con la barbarie que sufrió su pueblo cuando tomaron Jerusalén. Vio la masacre de miles, la matanza de niños, la violación de mujeres, y a hombres llevados en cadenas a la cautividad. Vio como el Templo fue destruido y toda la cuidad fue quemada y arrasada.

La verdad es que el justo sufre en medio del pecado y el castigo del injusto. Esto es una realidad dura de la vida. Cuando el juicio de Dios cae sobre una población, afecta tanto a creyentes como a incrédulos. Noé perdió todo cuanto tenía en el diluvio. Perdió todos sus bienes y a todas sus amistades; todo lo familiar pereció bajo las aguas. Lot perdió todo cuanto tenía en la destrucción de Sodoma y Gomorra. En el año 70 d. C. cuando Jerusalén fue destruido, todos sufrieron, cristianos y no cristianos por igual.

Sufrimos por el pecado de otros. Sufrimos con la destrucción del planeta, de la naturaleza, y la pérdida de los recursos naturales. Sufrimos con la pandemia, sufrimos con la guerra de Ucrania, y sufrimos con la persecución de la Iglesia en África y Asia. Ninguna de estas cosas viene por culpa nuestra, pero no importa, sufrimos igualmente. Además, sufrimos por las injusticias de nuestro gobierno, y por las de otros países. El Señor Jesús sufrió a causa de la injusticia de su gobierno. Reconociendo su inocencia, lo condenaron. Lo mismo ocurrió con el apóstol Pablo. ¿Cómo aguanta el cristiano frente a tantas causas de sufrimiento? No termina de sufrir por una causa cuando se presenta la siguiente. ¿Hemos de orar por que la pandemia se vaya, o por que la guerra cese, o pedir que haya justicia en este mundo?

El apóstol Pedro dijo: “Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello… De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 4:1516, 19). Esto es lo que tenemos que hacer: glorificar a Dios en medio de nuestro sufrimiento, encomendar nuestras almas a Dios y hacer el bien. Jesús dijo a los suyos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). En el mundo tenemos aflicción, pero en Cristo tenemos paz al confiar en Él en medio de la aflicción, conscientes de que Él ha vencido al mundo con sus injusticias, engaños, guerras, aberraciones, crímenes y mentiras. Él lo juzgará todo y pondrá fin a la injusticia. Mientras tanto, vivamos en la paz que encontramos cuando confiamos en Él y hacemos el bien.