“Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: yo iré delante de él, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos… para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre. Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste” (Isaías 45:1-4).
Lectura: Is. 45:1-7.
Esta profecía es asombrosa. Los judíos estaban en cautividad en Babilonia. Dios levantó al emperador persa, Ciro, para darles permiso de volver a Jerusalén y reedificar el templo y renovar el culto al Dios de Israel. Para hacerlo posible Dios ayudó a los persas a conquistar el imperio de los babilonios y puso a Ciro en el trono.
[1]“Abriré delante de él las puertas dobles, para que no se cierren las entradas… Haré pedazos las puertas de bronce”. Los ejércitos de los medos y los persas, bajo el mando de Ciro, conquistaron la ciudad de Babilonia en una incursión extraordinaria, descrita en Daniel 5. Según el antiguo historiador Heródoto, mientras el rey Belsasar de Babilonia celebraba un banquete desenfrenado, Ciro conquistó la ciudad desviando el curso del río Éufrates hacia una zona pantanosa cercana. De este modo, el nivel del río descendió lo suficiente como para que sus soldados pudieran avanzar a través del agua y pasar por debajo de las puertas que cruzaban el río. Sin embargo, aun así, no habrían podido entrar si las puertas de bronce de las murallas interiores no hubieran quedado, inexplicablemente, sin cerrar con llave. Dios abrió las puertas de la ciudad de Babilonia para Ciro, y lo dejó escrito doscientos años antes de que sucediera.
Las ovejas perdidas debían ser reunidas y devueltas a su verdadero redil en Judá por medio de este extranjero. Esta oración contiene la primera referencia explícita en el libro de Isaías a los planes de Dios para reconstruir la ciudad.
Josefo relata en sus Antigüedades judías que, cuando Ciro encontró su propio nombre mencionado en este pasaje de Isaías, escrito unos 220 años antes de que él viviera, se sintió embargado por un santo deseo de cumplir lo que se había escrito acerca de él.
“Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios de los cielos, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado que le construya una casa en Jerusalén, que está en Judá” (Esdras 1:2). Dios tuvo que orquestar todos estos milagros para que los judíos volviesen a Israel, para que el Mesías naciese en Belén de la línea de David tal como fue profetizado. ¡Qué Dios tan maravilloso! ¡Él anuncia lo que va a suceder mucho antes de que ocurra y cumple sus propósitos a su debido tiempo!
[1] Esta información procedente de “Enduring Word” fue compilada por Becky Cretney.
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