ÉL LES RESPONDÍA

“Invocaban a Jehová, y él les respondía. En columna de nube hablaba con ellos; guardaban sus testimonios, y el estatuto que les había dado” (Salmo 99:6, 7).

Lectura: Salmo 99:1-9.

            Nos llama la atención que estas personas invocasen a Dios y Él respondiese a sus oraciones. Esto es lo que deseamos nosotros: que Dios conteste a nuestras oraciones. ¿Cómo lo consiguieron? Este salmo da la respuesta: enfocando nuestra atención en la grandeza y santidad de Dios. Es un Dios grande, pero atiende a las oraciones de los humildes que se postran a sus pies.

            Las personas que el salmista usa como botones de muestra son Moisés, Aarón y Samuel. Los tres eran sus sacerdotes: “Invocaban a Jehová y les respondía” (v. 6). No pasó solo una vez, sino muchas. Era la norma con ellos. “En columna de nube hablaba con ellos” (v. 7). Les estaba dando la ley. Y la respuesta de ellos contesta a nuestra pregunta. ¿Por qué les respondía? Porque ellos “guardaban sus testimonios, y el estatuto que les había dado” (v. 7). Cuando pedimos algo a Dios y Él nos responde por medio de su Palabra, el próximo paso es la obediencia por nuestra parte. La respuesta a nuestras oraciones muchas veces viene por la obediencia a una orden, un mandamiento, o algo que tenemos que hacer. Por ejemplo, pedimos edificación en sus caminos y nos manda a cierta iglesia, o a leer cierto libro, o a consultar a cierta persona. Obedecemos, y nos da la enseñanza que pedimos. Moisés, Aarón y Samuel pedían dirección para su pueblo y Dios les dio la ley, y ellos la obedecieron.

Dios no contesta a nuestras oraciones porque seamos perfectos. Ellos no lo eran: “Jehová Dios nuestro, tú les respondías; les fuiste un Dios perdonador, y retribuidor de sus obras” (v. 8). Cuando pedían perdón, Dios les respondía perdonándolos, y los bendecía con los resultados de sus obras buenas. Dios es justo, y en su gobierno del mundo castiga el pecado. Cada uno cosecha lo que siembra. Las consecuencias de sus obras malas sirven para la santificación y crecimiento en gracia de los justos, pero como advertencia a los malos del juicio que vendrá. “Tú confirmarás la rectitud; tú has hecho en Jacob juicio y justicia” (v. 4).

Dios es santo. Este salmo lo enfatiza: “Alaben su nombre grande y temible: Él es santo” (v. 3). “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; él es santo” (v. 5). Y el salmo concluye con esta misma enseñanza: “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante su santo monte, porque Jehová nuestro Dios es santo” (v.9). Dios es amante de la justicia y la rectitud.

Volvamos al principio del salmo que habla de Dios como aquel que reina sobre todos los pueblos del mundo en santidad: “Jehová reina; temblarán los pueblos. Él está sentado sobre los querubines, se conmoverá la tierra. Jehová en Sion es grande, y exaltado sobre todos los pueblos. Alaben tu nombre grande y temible; él es santo” (v. 1-3). Lo tememos y lo exaltamos y alabamos. Guardemos su Palabra y Él nos oirá y responderá a nuestras oraciones, perdonándonos y bendiciéndonos por nuestras buenas obras.   

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