NUESTRA RESPUESTA

“Haya, pues en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse… y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).

Lectura: Fil. 2:5-8.

Cuando leemos estas poderosas palabras del apóstol Pablo acerca del amor de Dios por nosotros en Cristo Jesús que lo llevó a la cruz para salvarnos, y del poder y la justicia de Dios Padre que lo levantó de la muerte y lo exaltó sobre todo cuanto existe, nuestra respuesta tiene que ser semejante a la oración siguiente:

Padre amado, confesamos nuestra ingratitud. Estamos dispuestos a recibir tu salvación sin ni siquiera gratitud de nuestra parte, como si fuese una ganga que tenemos que aprovechar porque nos interesa. Pedimos tu perdón por aprovechar tu bondad sin ninguna intención de corresponder de ninguna manera, como si fuera nuestro derecho recibir de ti sin dar nada a cambio. Perdona nuestra dureza de corazón y egoísmo. Danos un corazón sensible, receptivo, cariñoso para contigo.

            Padre lo que nos has dado en Cristo tiene un valor incalculable. Pedimos que estas realidades espirituales cobren vida en nosotros, que podamos percibir tu presencia, oír con los oídos de nuestro corazón la voz del Espíritu, que la oración sea nuestra actividad continua, que amemos y entendamos bien tu Palabra, que nos des un espíritu de revelación en el conocimiento de Cristo, que lo amemos cada vez más y deseemos agradarlo en todo lo que hagamos. Que el hacer tu voluntad sea el deseo de nuestro corazón, que amemos de verdad con amor entrañable a los hermanos, que seamos conscientes de la batalla espiritual en la que nos encontramos, y que vivamos una vida de victoria. Padre, que el mundo espiritual sea más real para nosotros que el mundo físico, tal como lo fue para el Señor Jesús.

            Padre, que podamos decir lo que decía el apóstol Pablo: “Para mí el vivir es Cristo”.  Esta es la salvación. Es la salvación de la vida carnal y la entrada en una vida espiritual en plena comunión contigo. Nada menos que eso puede satisfacernos. Tú nos salvaste para que fuésemos tus esclavos, tu posesión particular, hijos amados, para llevar nuestra vida en la esfera de tu amor. Para que encontrásemos todo en ti, para que Tú fueses nuestro todo en todo y nuestra razón de vivir.   

Y Padre pedimos que seamos embajadores del Señor Jesús en este mundo. Que amemos a la gente y sepamos comunicarles el evangelio. Que tengamos esta unción que nos capacita para conectar con la gente y compartir con ella lo que has hecho por nosotros. Pedimos el gozo de ver convertidos a muchos para conocer al mismo Dios y Salvador que ha captado nuestro corazón. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

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