OCUPAOS EN VUESTRA SALVACIÓN

“Esfuércense por demostrar los resultados de su salvación obedeciendo a Dios con profunda reverencia y temor” (Filipenses 2:12, NTV).

Lectura: Fil. 2:5-13.

            Pablo está hablando acerca de cómo tenemos que ser imitadores de Cristo en nuestra manera se ser y pensar: “Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús” (2:5). Él desarrolla esta idea con el ejemplo de la disposición que Cristo tuvo cuando el Padre le pidió que fuese a la cruz para nuestra salvación. Se humilló repetidas veces hasta ser obediente hasta la muerte de cruz.

            El Señor obró nuestra salvación por su obediencia al Padre y ahora nosotros hemos de obrar el desarrollo de esta salvación por medio de nuestra obediencia a la voluntad del Padre. Jesús murió y resucitó para salvarnos. Nuestra respuesta ha de ser el “ocuparnos en esta salvación con temor y temblor” (2:12). Esto significa que tenemos que colaborar con Dios en los resultados de nuestra salvación motivados por un profundo respeto y reverencia a Dios, y con amor y gratitud al Señor por lo que él hizo por nosotros para salvarnos. Nuestra parte consiste en hacer que nuestra fe moldee nuestra conducta, nuestras elecciones, nuestras relaciones, carácter, y vida de obediencia. Vamos a considerar estas cosas una por una:

  • Conducta. ¿Cómo se comporta un cristiano? Como Cristo. Quiero ser amorosa en mi trato con la gente, correcta, formal, consecuente, responsable, afable, justa, compasiva, considerada, honesta, atenta a sus necesidades, e imitar las otras cosas que caracterizaban el comportamiento de Jesús con la gente. 
  • Elecciones. Cuando tengo que escoger una carrera, una iglesia, un marido, una casa, un trabajo, una actividad, busco la voluntad del Señor en oración y dejo que Él me dirija.
  • Relaciones. Aprendo a ser fiel, constante, paciente, perdonadora, atenta y servicial.
  • Carácter. El ejemplo de Cristo me enseña a ser integra, humilde, sufrida, mansa, interesada por los demás; me sacrifico por ellos, pongo sus intereses delante de los míos, no llamo la atención sobre mí misma, soy bondadosa, disciplinada, y organizada.
  • Obediencia. Para ser obediente al Padre, tengo que pasar tiempo en el estudio de su Palabra para saber lo que es su voluntad, y diligente en oración para saber lo que Él que quiere que yo en concreto tengo que hacer.

A veces esta obediencia me va a costar mucho. Hemos de tomar nuestra relación con Dios en serio, “con temor y temblor”, porque sabemos que su camino es perfecto y que no nos irá bien si elegimos el nuestro. En el mejor de los casos el amor por el Señor me motiva a obedecerlo, pero a veces tiene que ser el temor de Dios el que me mueve a hacer lo que él quiere, porque no quiero estropear los buenos planes que tiene el Señor para mí. Si obedecemos a Dios, Él nos ayudará. Moldeará nuestros deseos y nos dará la capacidad de obedecerlo. Hemos de humillarnos y confiar en que Dios está obrando en nosotros: “porque Dios es el que en vosotros produce el querer como el hacer, por su buena voluntad” (2:13).
            Así nos ocupamos en nuestra salvación, creciendo poco a poco para ser cada vez menos como éramos antes, y cada vez más como Cristo.      

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