LA LEY (2)[1]

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad todos justos. (Salmo 19:7-10).

Lectura: Salmo 19:7-13.

            Cuando leemos estas palabras y meditamos en ellas, nuestra respuesta es igual que la del salmista: que la ley de Dios y todos sus componentes son “deseables más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal” (19:10). Deseamos vivir conforme a esta preciosa, dulce, justa, inteligente, y acertada Palabra de Dios. Nuestra oración es como la siguiente:

Señor, gracias por tu Palabra y por la sabiduría que contiene. Te doy gracias porque este salmo expresa una verdad absoluta.

Tu Palabra ilumina nuestro camino, abre nuestros ojos a la verdad y nos revela lo que hay en nuestro corazón. Nos advierte que no hagamos ciertas cosas y nos enseña a seguir tus pasos.

Padre celestial, esto es precisamente lo que necesito ahora. Necesito dirección y guía. Señor, te pido que me ayudes a confiar en tu Palabra más de lo que confío en el oro, en otras personas o en mi propia sabiduría y entendimiento.

Señor, necesito la sabiduría que viene de lo alto. Te pido que, por medio de tu Espíritu Santo, ilumines mis ojos para que pueda ver el camino con claridad. Quiero ir adonde Tú vas, estar donde Tú estás y aprender a discernir tu voluntad y a seguirte.

No quiero ir adonde Tú no estás, ni quiero formar parte de nada que Tú no estés preparando.

En el nombre de Jesús. Amén.

[1] La oración fue escrita por Becky Cretney.

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