“Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros… Y se dirá en aquel día: He aquí, este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; este es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:8, 9).
“Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios” (Lucas 13:29).
“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no hará muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apoc. 21:3, 4).
Lectura: Is. 25:6-9.
Es asombroso cuántas cosas dice este pasaje que el Señor hará, e igualmente asombroso que haga todo esto por nosotros. En su reino celebraremos nuestra salvación con júbilo y fiesta. Nos dará de comer y de beber manjares suculentos y vino refinado en un banquete inigualado.
Destruirá el pecado y la muerte, junto con todas las consecuencias del pecado, como lo es el trabajo tal como lo tenemos ahora que resulta tan duro, desagradable y difícil que parece que estemos empujando una piedra cuesta arriba.
Nos consolará y secará nuestras lágrimas. Nos quitará la deshonra y nos salvará. Nos dará alegría. Este es nuestro Dios, y sabemos que hará todas estas cosas, porque ya ha comenzado. Ya ha empezado a hacer maravillas en nuestras vidas.
Venció a la muerte cuando Jesús murió y resucitó, así que la maldición del pecado y de la muerte ya está rota. Un día volverá, y ese será el día en que se cumpla la visión que mi madre tuvo de niña: la visión que estamos describiendo, con personas de todas las naciones reunidas en una gran multitud, vestidas de ropas blancas, y con palmas en las manos, clamando a gran voz, diciendo: “La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apoc. 7:9, 10). Ese será el día en que, en el monte Sion, cumpla esta promesa a su pueblo, como siempre lo hace.
Señor Jesús, vuelve. Deseamos de todo corazón que vuelvas. Anhelamos que cumplas tu promesa, que seques las lágrimas de nuestros ojos y nos consueles, porque ya no habrá más pecado, ni muerte. Anhelamos que seas nuestro Rey y nuestro Dios, a quien podamos ver y oír, con quien podamos hablar y pasar tiempo siempre que queramos. Señor, ayúdanos a prepararnos para ese día. Ayúdanos a obedecer tu voz y a seguirte. Amén.
[1] Escrito por Becky Cretney con Margarita
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