“Gracias a Dios por su don inefable” (2 Corintios 9:15).
Lectura: Lucas 2:4-7.
Buenos días, Ariadna. Esta mañana estaba pensando: “Hoy es día seis y mañana, ¿sabes qué día es? ¡El siete! Y el siete es tu cumpleaños”. Pensaba dentro de mí: “Bueno, como Ariadna celebró su cumpleaños por adelantado, ya ha recibido sus regalos”, y entonces imaginé que te decía: “Ya tuviste tu fiesta donde recibiste todos tus regalos de cumpleaños, pero el mejor de todos es uno que recibiste hace mucho tiempo. Nunca tendrás un regalo mejor, porque este regalo es Jesús. Él es el mejor regalo de cumpleaños que cualquiera podría recibir, porque Él es el Rey y tiene un reino. Así que, al recibirlo a Él, también recibes un reino, y te conviertes en una princesa de su reino.
Una de las cosas que sabemos de su reino es que allí hay una comida maravillosa. La Biblia habla de cómo Dios nos prepara una mesa cargada de todo tipo de cosas deliciosas. También sabemos que en su reino hay arroyos preciosos de aguas cristalinas. Eso no es tan extraño para alguien que vive en la Isla de Man, pero sí lo es en España donde hay que ir hasta el norte del país para encontrar aguas tan claras. En su reino hay muchas ovejas blancas, y todos los animales son mansos. El león se acuesta junto al cordero. Nadie muere, ni está enfermo, porque hay un árbol cuyas hojas sirven para sanar a personas de todas las naciones del mundo.
Allí no estás sola. Tienes la compañía de todos los países del mundo, y todos pueden entenderse. No sé cómo funciona eso. Quizá haya un idioma común, o quizá cada uno hable en su propio idioma y los demás lo entiendan y respondan en el suyo. Lo que sí sé es que todos son hermosos, están sanos y felices. Todos hacen el trabajo que más les gusta y les va bien. Todo esto viene con el Rey en su reino. ¡Qué regalo de cumpleaños tan fabuloso! Nadie podría tener un regalo mejor. ¿Y qué tenemos ahora? Lo tenemos a Él con nosotros, aunque sea invisible. Pero que sea invisible no significa que no esté. Él está aquí. No te da un golpecito para que lo notes, ¡pero desde luego mueve muchas cosas! Te coloca donde quiere que estés. Te pone en la casa donde quiere que vivas. Camina a tu lado, y evita que te caigas. Todo esto forma parte de tenerlo cerca: a nuestro lado, escuchándonos, viendo lo que vemos, acompañándonos en lo que hacemos, amándonos y pensando que somos maravillosos, porque nos ha lavado, nos ha limpiado y ha quitado nuestros pecados.
Eso es lo mejor que podría hacer por nosotros. No tenemos que estar pensando continuamente: «Ay, qué mala soy. Ay, mira las cosas que hago». En cambio, podemos pensar: «Tenemos a Jesús, y Él nos mantiene limpios». Cada vez que nos ensuciamos, podemos decirle: «Ay, me he vuelto a ensuciar. ¿Puedes limpiarme?». Y Él responde: «Claro que sí. Para eso estoy aquí». Él nos limpia y nos mantiene limpios. Nos viste con ropas resplandecientes, sin una sola mancha. Eso es lo que tenemos ahora, y todo forma parte de nuestro regalo de cumpleaños por haber nacido en su reino. Recibimos al mismísimo Rey como regalo de cumpleaños”.
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