“Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 Ped. 3:18).
Lectura: Rom. 5:8-11.
La muerte de Cristo en la cruz nos proporciona muchísimos beneficios. Nos hace bien enumerarlos y pensar en cuánto bien recibimos por su sacrificio en nuestro lugar. Debido a su muerte por nosotros:Tenemos el perdón de nuestros pecados.
No tendremos que pagar por nuestros pecados.
No vivimos bajo condenación.
No vivimos con una sensación de culpa.
Tenemos paz con Dios.
Tenemos una conciencia limpia.
La justicia de Cristo es contada como la nuestra.
Tenemos poder para resistir al diablo.
No iremos al infierno.
No sufriremos la muerte eterna.
Tenemos la aceptación de Dios.
Tenemos comunión con Dios.
Somos adoptados por Dios y pertenecemos a su familia.
El Espíritu Santo mora en nuestro cuerpo.
El Espíritu derrama el amor de Dios en nuestros corazones.
Tenemos los dones del Espíritu.
Tenemos el poder del Espíritu para testificar.
El fruto del Espíritu se manifiesta en nuestras vidas.
El Espíritu nos abre el entendimiento de las Escrituras.
Tenemos entrada a la presencia de Dios para orar.
Dios obra todo para bien a nuestro favor.
Tenemos una familia espiritual.
Tenemos comunión con otros cristianos.
Tenemos esperanza en esta vida con Cristo a nuestro lado.
Contamos con la ayuda de Dios en todo lo que nos pasa.
La sabiduría de Dios está a nuestra disposición.
Tenemos las promesas de Dios para animarnos.
Y la fortaleza de Dios para superar nuestras dificultades.
Y el consuelo de Dios en nuestras penas.
Y el poder de Dios para vivir una vida victoriosa.
Esperamos la resurrección de los muertos con un cuerpo nuevo.
Y el reencuentro con todos los redimidos de todos los tiempos.
Y una herencia y un hogar en la casa del Padre en el Cielo.
Y una Ciudad eterna donde reina la justicia, y reinaremos con Él.
Y una vida productiva y fructífera y en el reino de Dios
Y un Novio celestial: la Iglesia se casará con Cristo,
Tenemos a Jesús y Él nos tiene a nosotros eternamente.
Alabemos a Dios por su inmensurable gracia en Cristo Jesús.
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