“A todos los sedientos, venid a las aguas, y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Isaías 55:1).
Lectura: Is. 55:1-3.
Muchos cristianos pasan la vida admirando la Biblia, y eso es algo bueno. La estudian, la analizan, hablan de ella, la memorizan y dan gracias por ella. Pero, en ocasiones, nunca llegan a caminar con la fuerza que ella les proporciona. La verdad llega a su mente, pero nunca alcanza sus pies. Estamos llamados a caminar conforme a las Escrituras. Estamos llamados a movernos guiados por el Espíritu de Dios. ¿Quién nos está guiando? ¿Nos guían nuestras propias ideas? ¿Nuestros propios planes? ¿Incluso versículos bíblicos entendidos únicamente de forma intelectual? ¿O estamos siendo guiados por el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo es nuestro combustible, la fuerza que nos impulsa. Por supuesto que lo admiramos, porque es maravilloso. Pero admirarlo no es el objetivo. El objetivo es ser guiados por Él. Esto es exactamente lo que dice Romanos 8:14: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.» No simplemente quienes admiran la Biblia, sino quienes son guiados por el Espíritu Santo. ¡Qué manera tan maravillosa de vivir! De Él recibimos toda la fuerza que necesitamos para afrontar las pruebas y las dificultades de la vida. Él nos mueve. Él nos guía. Nos muestra qué hacer, qué decir, cómo pensar y cómo responder. Se convierte en el combustible que llevamos dentro y que nos mantiene avanzando. Y todo ello nos es dado gratuitamente. La invitación que recorre todo este pasaje es simplemente esta: Ven. Así que acudimos al Señor y le decimos:
«Padre querido, necesito que vuelvas a llenarme de tu Espíritu Santo. Mi depósito está casi vacío. Me estoy quedando sin combustible. Vengo a ti, en el nombre de Jesús, y te pido que vuelvas a llenarme. Tengo cuestas que subir. Montañas que escalar. Decisiones difíciles que tomar. Necesito ser guiado por tu Espíritu. Necesito que el Espíritu Santo llene mi vida para poder vivir como tú deseas. Señor, tú dijiste: “Ven”, y aquí estoy. Por favor, lléname hoy con tu bendito Espíritu para todo lo que tengo por delante, para el camino que me has llamado a recorrer. No puedo hacerlo sin ti. No llegaré a ninguna parte si tú no me llenas.» El Espíritu Santo es verdaderamente delicioso, pero disfrutar de Él no es el fin último. No quiero simplemente admirarlo. Quiero vivir por medio de Él. Gracias, Padre, porque conectas el suministro inagotable de tu Espíritu con mi depósito vacío y vuelves a llenarlo, igual que se llena el depósito de un coche. Y con esa fuerza puedo correr. Puedo caminar. Puedo permanecer en quietud. Puedo vivir delante de ti. Bendito Padre, gracias por darnos tu Espíritu Santo. Vengo para recibir más de Él. Amén.
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