HABLA CONTIGO MISMA ACERCA DE DIOS

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Salmo 42:5).

Lectura: Salmos 42 y 43.

En este estribillo que se repite tres veces (42:5; 42:11 y 43:5) el salmista habla consigo mismo. Está en gran aflicción, al límite del sufrimiento humano. Alrededor suyo hay destrucción y muerte y su vida cuelga de un hilo. No nota la presencia de Dios. En estas circunstancias límite, él habla consigo mismo. Se dice: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”. En nuestras palabras lo que se dice es esto: “Tranquilízate, José o María. ¿Por qué te pones de esta manera? Cálmate. Pon tu confianza en Dios. Esto se arreglará. Volverás a cantar alabanzas con alegría. Ya verás como Dios te ayuda”.

La próxima vez que lo veas todo negro sin posible solución, habla contigo misma acerca de Dios. Acuérdate de cómo es Él y de qué ha hecho para ti en el pasado. Date palabras de ánimo y confianza. Háblate de lo que sabes de Dios. Cítate textos bíblicos que sabes de memoria y recuérdate lo que tienes en Él. Serás tu mejor aliada. 

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