“Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas” (2 Corintios 8:3).
Lectura: 2 Corintios 8:1-4.
Hay personas que van por la vida viendo lo máximo que pueden hacer por otros, y hay otras que, contrariamente, intentan hacer lo mínimo: los generosos y los tacaños. ¿Cuál de estos dos es el carácter de Dios? ¿Cómo era Cristo? ¿El apóstol Pablo era espléndido o miserable? “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).
El apóstol Pablo dice a los Corintios: “Por tanto, como en todo abundáis en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia [la de dar] (2 Corintios 8:7). Podemos ser personas de mucha fe, con un pico de oro, con mucho conocimiento, interesándonos por los demás, y cariñosas ¡y a la vez tacañas! ¡Qué incongruencia! ¡No pega! Sería como si el Señor Jesús recibiese la merienda del niño (Juan 6:9) ¡y se la comiese Él solo! ¿Lo puedes imaginar, el Señor Jesús allí en la hierba comiendo y 5.000 hambrientos mirándolo? “Entonces tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces” (Juan 6:11). Todos se llenaron y no se nos dice siquiera si Jesús comía. Se supone que sí. Él fue generoso con los creyentes y con los no creyentes por igual. Ejemplo nos ha dado. Que seamos como Él.
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