YO ESTOY AFLIGIDO, PERO TÚ…

“Inclina, oh Jehová tu oído, y escúchame, porque estoy afligido y menesteroso” (Salmo 86:1).

Lectura: Salmo 86:1-7.

                David estaba mal. Le dice al Señor cómo se encuentra. Después deja de hablar de sí mismo y piensa en cómo es Dios. Esto levanta su ánimo y le da esperanza. Nos sirve de ejemplo cuando el desánimo se apodera de nosotros.

Yo
“Porque yo estoy afligido” (v. 1).
“Porque yo soy piadoso” (v. 2).
“En ti confío” (v. 2).
“Porque a ti clamo todo el día” (v. 3).
“Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma” (v. 4).
“En el día de mi angustia te llamaré, porque tu me respondes” (v. 7). Esta es la transición. Ahora David va a dejar de pensar en sí mismo, y pone su mente a pensar en el Señor, en el hecho de que Dios es un Dios que contesta la oración. Se pone a alabar a Dios.

David alaba a Dios
“Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, ni obras que igualen tus obras. Todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán delante de ti, Señor, y glorificarán tu nombre. Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas; sólo tú eres Dios” (v. 8 -10). “Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón, y glorificaré tu nombre para siempre, porque tu misericordia es grande para conmigo, y has librado mi alma de las profundidades del Seol” (v. 12, 13).

Hace peticiones coloradas con alabanza:
“Oh Dios, los soberbios se levantaron contra mí, y conspiración de violentos ha buscado mi vida, y no te pusieron delante de sí, mas tú, Señor Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad, mírame, y ten misericordia de mí; da tu poder a tu siervo, y guarda al hijo de tu sierva. Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú Jehová me ayudaste y me consolaste” (v. 14-17).  David ya está convencido de que Dios lo ayudará y que esto será testimonio para sus enemigos. Verán que Dios está con él, y lo temerán.

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