VICTORIA POR MEDIO DE LA ALABANZA (3)

“¡Oh Señor, Dios de Israel, ¡tú estás entronado entre los poderosos querubines! Solo eres tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra. Solo tú creaste los cielos y la tierra” (2 Reyes 19:15).

Lectura: 2 Reyes 19:14-19.

            Cuando Ezequías recibió la carta en la que el enemigo prometía destruirlo, la llevó al templo y la abrió en la presencia de Dios. Adoró a Dios y pidió liberación del poder vastamente superior a él y a su nación. “Después Isaías, hijo de Amoz le envió a Ezequías el siguiente mensaje: “Esto dice el Señor, Dios de Israel: He oído tu oración con respecto al rey Senaquerib de Asiria” (19:20, NTV). Todo solucionado: Nuestra oración ha llegado al Dios de nuestra salvación y liberación. Él actuará. La respuesta de Dios al rey pagano es impresionante. Dios ha escuchado su jactancia acerca de todas las naciones que ha destruido, como si el poder para hacerlo fuese suyo. Dios le informa que solo ha podido hacerlo porque ¡Dios lo ordenó! Esto lo tenemos que asimilar: El mal que hace el enemigo, ¡Dios lo ha planeado! El Señor dice: “Pero ¿acaso no has oído? Yo lo decidí hace mucho tiempo. Hace mucho que lo planifiqué, y ahora lo llevo a cabo. Yo determiné que tú aplastarás ciudades fortificadas” (19:25). Todo el mal que tú y yo hemos vivido ha sido parte del plan de Dios, controlado por Dios, y sirve sus propósitos. El enemigo no tiene ningún poder que Dios no le haya dado. 

            Luego viene esta palabra de Dios dirigida a la cara del enemigo: “Pero a ti te conozco bien: sé donde te encuentras, y cuándo entras y sales. Conozco la forma en que desataste tu furia contra mí. Por esa furia en mi contra y por tu arrogancia, que yo mismo oí, te pondré mi gancho en la nariz y mi freno en la boca. Te haré regresar por el mismo camino por donde viniste” (19:27, 28). Dios conoce bien al enemigo de tu alma y todo lo que hace, y cuando quiera, Dios lo quitará de en medio.

            Dios promete liberación para Jerusalén: “Y esto dice el Señor acerca del rey de asiria: Sus ejércitos no entrarán en Jerusalén; ni siquiera lanzarán una sola flecha contra ella… Por mi propia honra y por amor a mi siervo David, defenderé esta ciudad y la protegeré” (19:32, 34). ¡Vale la pena leer todo el pasaje! El resto es historia. Esa noche el ángel del Señor fue al campamento asirio y mató a 185.000 soldados. El rey de Asiria levantó el campamento y regresó a Nínive, la capital de su reino, ¡la misma ciudad que había visto avivamiento en tiempos de Jonás! ¿Senaquerib reconoció que el Dios de Israel es el Dios verdadero? ¡Qué va! Persistió en su incredulidad a pesar de toda la evidencia, porque él quiso. Entonces, Dios acabó con él, como lo hizo con Faraón en tiempos de Moisés. Un día estaba en el templo adorando a su dios Nisroc, cuando dos de sus hijos entraron y lo mataron a espada. Su dios ni pudo salvarle a él mismo. Murió en su idolatría porque no quiso conocer al Dios verdadero. Dios cumplió su Palabra, libró a Jerusalén, y acabó con su enemigo que lo había blasfemado en la cara. Y llegará el día en que Dios acabe con su enemigo y el tuyo, a Satanás, y tú vivirás seguro en Jerusalén. Mientras tanto, ora como oraba Ezequías. La alabanza a Dios conduce a la victoria.  

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