VENDRÉ A VOSOSTROS

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18).

Lectura: Juan 14: 15-18.

            En este pasaje Jesús está despidiéndose de los discípulos y ellos no entienden nada. Jesús ruega al Padre para que les mande el Espíritu Santo a los discípulos para que no estén solos. Salen las tres personas de la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero no nos clarifica nada en cuanto a nuestra comprensión de este gran misterio que es la Trinidad. Pues, Jesús les dice: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”, pero el que va a venir no es Jesús, sino el Espíritu Santo. Podría haberles dicho que no se quedarían huérfanos porque tenían al Padre, pero el Padre está en el cielo y ellos en la tierra, y donde necesitaban a alguien era en la tierra. Jesús había estado con ellos en la tierra, y ahora se iba. Necesitaban a otra Persona para reemplazarlo aquí en la tierra y el Señor Jesús era muy consciente de ello. Por esto les dice que el Espíritu vivirá con ellos, y estará en ellos: “porque mora con vosotros, y estará en vosotros”. Tenerlo dentro es aún más cercano que tenerlo al lado.

            Pero en lugar de decir que está enviando un suplente, Jesús dice que el Espíritu Santo es Él. ¿Cómo puede ser Él si Él es Jesús y el Espíritu Santo es otra Persona? Allí es donde todos nuestros esquemas colapsan. Lo habíamos tenido tan claro: tres Personas, cada Una con su papel, pero ahora Jesús dice que Él vendrá en la Persona del Espíritu. El Espíritu es Él. ¡Si leemos un poco más arriba en este capitulo Jesús explica que el Padre también es Él! Felipe dijo: “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (14:8, 9). ¡Ahora está todo claro! ¡Ver a Jesús es ver al Padre y tener al Espíritu es tener a Jesús!

            La diferencia es que Jesús no puede estar dentro nuestro, pero el Espíritu Santo, sí. Puede ser que se trate solo de un cambio de formas: desaparece lo material y se queda lo espiritual. Jesús no dijo estas cosas para confundirnos, sino para consolarnos. Hemos visto el Rostro de Dios en la cara de Jesús. Tener al Espíritu Santo en nuestros corazones es tener al Espíritu de Jesús. No es para razonar. Es para consolar. Dios está mucho más cerca de nosotros que lo que creemos.

            El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son “intercambiables”. Están unidos. Tienen comunión entre sí. Van a uno, y, todavía son tres. En lugar de buscar una explicación fácil de entender, es mejor aceptar lo que dice Jesús y quedarnos con ello. Las Tres Personas que son el mismo Dios están mucho más unidas de lo que creíamos.

            El problema no es entender esto, es estar sin Jesús. Para consolarnos el Señor nos dice que vendrá a nosotros. Cuando vino el Espíritu Santo a nuestra vida, vino Jesús. Recibir al Espíritu es recibir a Jesús. El que nos está hablando por la voz del Espíritu es Jesús. Y el Espíritu nos está manifestando al Padre y abriéndonos las palabras de Jesús. Jesús tenía razón, ha venido a nosotros, y ahora vivimos con Él.  Teniéndolo a Él, tenemos al Padre, y no estamos huérfanos.  

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