“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:20).
Lectura: Juan 14:18-20.
Las palabras que me llamaron la atención de esta lectura fueron “en aquel día”. Se nos dice que algo que no conocemos ahora, lo entenderemos entonces.
Por lo tanto, es algo que no podemos comprender ahora. Tiene que ver con el hecho de que Jesús se iba. Jesús les está diciendo a sus discípulos que se va, que ya no estará con ellos. Pero les asegura que no los abandonará, que no los dejará huérfanos, que volverá, y que cuando vuelva se darán cuenta de que en realidad Él ha estado con ellos todo el tiempo, pero que no pueden darse cuenta de ello ahora.
Esto me lleva al motivo de mi continua queja al Señor, y no tengo ninguna intención de dejar de quejarme, a pesar de esta lectura. Es lo siguiente: ¿Por qué no puedo oírte ahora? ¿Por qué no puedo verte? Necesito más dirección. Necesito una voz más firme, necesito más de tu presencia, necesito más de tu Espíritu. Y no dejaré de quejarme, porque quiero más de estas cosas. No obstante, el Señor dice que un día me daré cuenta de que nunca he estado sola, desde el principio. Dice: Porque yo estoy en el Padre y tú estás en mí y yo estoy en ti. No puedo ver, ni comprender esto ahora, pero un día, sí. Pues, hasta el día en que me dé plena cuenta de ello, ¡voy a seguir quejándome! Desgraciadamente, es como soy. No es una buena actitud; pero es la de alguien que ha cometido muchos fallos por ser cabezota y querer salirse con la suya. Ahora no quiero cometer más fallos, y la única manera de evitarlo es obtener la clara dirección del Señor.
A la vez es la actitud de alguien que quiere pasar más tiempo con el Señor. Los discípulos no estaban contentos al oír que el Señor se iba. Y yo no estoy contenta de que no esté aquí. Él sabía que esto iba a ocurrir, y por ello dijo todas estas cosas. Por lo tanto, sabía lo que tenía que esperar de nosotros. Sabía que íbamos a ser pesados en nuestras oraciones, siempre pidiendo más de Él todo el tiempo.
Señor, oigo tus palabras, pero no las acepto. No acepto que no te pueda oír ahora, que no te pueda ver ahora y que no pueda tener una relación vivencial contigo ahora. Paso la página del Evangelio de Juan y miro al libro de Hechos, y todo es diferente allí. Quiero más de lo que tenían las personas en el libro de Hechos. Esto significa más de tu Espíritu. Así que, Señor, pido que abras mis ojos para que pueda verte más y oírte más. Sé que no puedo conocer plenamente tal como me conoces tú a mí, que tengo que esperar hasta aquel día para comprender que Tú estás en el Padre y que el Padre está en ti, y que yo estoy en ti y Tú estás en mí. Y sé que no puedo entenderlo, y espero que me des paciencia, pero hasta que venga aquel día, insisto en que quiero más. Y pido que me ayudes a ser obediente. Estoy intentando serlo, pero siempre caigo en los mismos pecados. Pero Señor, ayúdame a ser obediente, y amarte más. Te amo ahora, pero ayúdame a amarte más. Amén.
[1] Escrito por Becky Cretney
Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.