SOIS GUARDADOS

“Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:5).

Lectura: 1 Pedro 1:5-9.

            El apóstol Pedro nos dice que estamos doblemente guardados “para alcanzar la salvación” que será manifestada en el futuro. Esto nos debe animar, pero también levanta algunas preguntas. Empecemos al principio. Somos guardados por el poder de Dios, por un lado, y por la fe nuestra, por otro. Hay una parte que hace Dios y también una responsabilidad humana. Dios nos guarda, pero nosotros hemos de guardar la fe, es decir, permanecer en ella. Dios ha puesto el sello de su Espíritu sobre nosotros para marcarnos como suyos. Si nuestra pobre fe flaquea, Él nos guardará.

            Algunos preguntarán: “¿Por qué pone “alcanzar la salvación”? ¿No la tenemos ya? “. Sí, la tenemos ya, pero la fe es, a la vez, presente y futura. En el presente nuestra fe es sujeta a una serie de pruebas para ver si es genuina: “En lo cual (en la esperanza de la salvación), os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas” (1:6). Estas pruebas muestran si la fe es realmente genuina, o si es solo una aceptación de ciertas doctrinas, sin un nuevo nacimiento efectuado por el Espíritu Santo. Si hay un nuevo nacimiento, la vida ha cambiado. Los amigos y familiares notan la diferencia. Y el creyente encuentra un poder dentro para superar la prueba que ha venido del Espíritu Santo que mora en él.

            Estas “diversas pruebas” que el apóstol menciona, son muy fuertes. Son tan fuertes que, sin la ayuda del Espíritu Santo, la persona no las podría resistir. Ellas separan a los que son creyentes de verdad de los que solamente profesan serlo.

            El propósito de la prueba es hacer crecer la fe. La fe es como una goma. Se extiende. Si es una goma podrida, rígida, o vieja, se rompe cuando la fuerza es aplicada. Si resiste y crece, es una buena goma. El texto dice: “para que sometida a prueba vuestra fe… sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1:7). Pensábamos que la fe era para nosotros, para salvarnos, y ahora vemos que es para para dar gloria a Dios. Da gloria a Dios porque solo Su poder puede capacitarnos para seguir fieles en las pruebas.

            Al final es cuando obtenemos la salvación plena, la resurrección al Reino de Dios con un cuerpo glorificado, y entramos en nuestra herencia eterna: “Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1:9).  ¡Otra vez lo mismo! ¿Como vamos a obtener algo que ya tenemos? No tenemos el cuerpo glorificado, ni estamos en el cielo. Esto es el fin de nuestra fe. Las pruebas vienen en medio, entre el tiempo cuando creemos el Evangelio y el tiempo cuando entramos en nuestra herencia, y vienen para purificar nuestra fe, hacerla crecer, y mostrar que es genuina. El gran poder de Dios, operando en nosotros, unido a nuestra fe, aunque débil, nos llevará con bien al final, a la gloriosa experiencia de todo lo que Dios nos ha prometido, a nuestra “herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para nosotros” (1:4). Y cuando nos vean llegar, todos dirán: “¡Alabado sea Dios!”

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