“Mas el que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5).
Lectura: Romanos 4:1-5.
La fe
“Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (4:3). Dios le prometió un hijo, cosa imposible por la edad de su mujer, pero Abraham lo creyó, simplemente porque Dios se lo dijo, y le fue contado por justicia. A Dios le encanta cuando tenemos fe en lo que dice y en lo que Jesús ha hecho. Parece emocionarlo. Parece que encuentra tan extraordinario que alguien lo crea que se conmueve y siente gozo. Está encantado cuando alguien muestra tener fe, tanto que lo acepta como justicia. Yo siempre había pensado que, cuando creemos, el mérito es de Jesús cuya justicia es atribuida a nosotros, punto y aparte, pero se ve que Dios valora nuestra fe como si fuese algo bueno de nosotros. Por su respuesta de fe, Dios le llamó amigo a Abraham.
La duda
“En que conoceré esto?” Lu. 1:18). ¿Cómo te sentirías si le prometes algo a una persona que conoces y la otra persona responde diciendo: “¿Cómo sé si lo que me estás diciendo es cierto?”. Cuando alguien cuestiona nuestra palabra nos molesta, ¿no es cierto? Un ejemplo lo tenemos con Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Cuando Dios le prometió un hijo él respondió diciendo: “¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer de edad avanzada” (Lucas 1:18). Se lo explica a Dios porque es demasiado difícil para Él darle un hijo. Se ve que el Señor lo toma a mal si no creemos lo que dice. Manda a Zacarías un castigo. Le quita el hablar para que no diga más palabras de incredulidad.
En contraste con Zacarías, tenemos el ejemplo de María quien creyó la promesa imposible que Dios le dio. Elisabet le dijo: “Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lu. 1:45).
Nosotros debemos aprender la lección. ¿Estás diciendo a Dios lo que no puede hacer, porque es demasiado difícil, o creyendo “que nada hay imposible para Dios” (Lu. 1:37)? Nuestra fe en lo que Dios ha prometido, aunque sea imposible, le agrada y lo emociona, pero dudar de lo que ha prometido, aunque nos parezca imposible, produce ira en el Señor. Tenemos las dos opciones, darle placer a Dios, ¡o buscar un castigo para nosotros! ¡Seamos sabios! Aprovechemos la ocasión que tenemos para producir placer en el corazón de Dios.
Copyright © 2026 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.